lunes, 18 de mayo de 2015

Raro


Cuando tu estabas aquí antes 
No pude mirarte a los ojos 
Eres como un ángel 
Tu piel me hace llorar 
Flotas como una pluma 
En un mundo hermoso 

Desearía ser especial 
Tu eres tan especial 
Pero soy extraño, 
soy raro 
¿Qué demonios hago aquí? 
Yo no pertenezco aquí 

No me importa si duele 
yo quiero tener el control 
quiero un cuerpo perfecto 
quiero un alma perfecta 
quiero que te des cuenta, 
cuando yo no este por aquí 
Eres tan especial, 
desearía ser especial.

Ella corre de nuevo 
ella sale corriendo 
ella corre, corre, corre, corre 
corre. 

Cualquier cosa que te haga feliz 
Cualquier cosa que desees 

Eres tan especial 
Desearia ser especial 
Pero soy extraño 
Soy raro 
¿Que demonios hago aquí? 
Yo no pertenezco aquí. 
Yo no pertenezco aquí.

- Creep Radiohead
W. Violines Falsos 1x03



Wings. Violines Falsos 1x03

3. Gema


Al fin había llegado la noche y no iba a poder descansar aún. ¿Por qué su vida tenía que ser tan atareada?, se preguntó mientras se cepillaba los dientes frente al espejo. Tenía unas pequeñas manchas oscuras bajo los ojos. Nada que el maquillaje no pudiera arreglar, se contestó a sí misma.

En unos días era la importante presentación que estaba esperando. De hecho hasta la más mínima presentación que tenía era importante para ella. La música,  su vida y su todo. Hacía un buen tiempo que tenía una banda, un pequeño grupo de amantes de la música y algo dementes también. La perfecta combinación. Con ellos pasaba casi todos los días y ya eran como una familia. Compartían el amor por la música y un talento que fusionado daba un buen resultado.

Se sonrió en el espejo para tranquilizarse a sí misma. Al salir del baño de su cuarto se lanzó sobre la cama con la intención de descansar al menos unos minutos. Dejó el móvil debajo de la almohada para que nadie la fastidie, quería un momento de paz antes de irse nuevamente de su casa.

Dispuesta a que el sueño se la llevara, cayó en los brazos del descanso. Sin embargo apenas hubo conseguido un poco de paz interior una voz aguda entró en su habitación.

— ¡¿Gema dónde está mi polera roja?! – la delgada silueta de su hermana se proyectó como sombra en la pared junto a la puerta de su cuarto. La chica ingresó a su habitación y prendió la luz imponiéndose al frente de su hermana. Gema escondió el rostro en su almohada, evitando la luz blanca de su cuarto. Lentamente levantó la cabeza abriendo los ojos poco a poco hasta acostumbrarse al brillo.

Su hermana continuaba en la puerta, mirándola ceñuda. Físicamente eran casi iguales, aunque las facciones de Anna fueran más duras y su contextura mucho más delgada. Sus ojos eran achinados y delineados, con los ojos claros parecían ojos de gato. Tenían una pisca de maldad natural y su sonrisa divertida nunca desaparecía.

Dio un salto y cayó sobre la cama de su hermana, haciendo que Gema rebotará y resbalará. Aquello provocó una risa sofocada de la chica.

— No tengo ni puta idea – respondió Gema malhumorada y su hermana no dejó de sonreír.

— Entonces me pondré cualquier cosa para ir al Keyfra contigo – su hermana menor se encogió de hombros y bajo al suelo con un brinco. Gema se sorprendió al ver la rapidez con la que llegó a la puerta.

— ¡No! – gritó, reaccionando ante lo que había dicho su hermana -. Ni sueñes que irás conmigo al Keyfra – conociendo muy bien a su hermana se puso de pie y dejando a un lado la idea de descansar se empezó a alistar. No iba a poder dormir ni estar en paz hasta que estuviera lejos de Anna.

— Oh, sí que puedo ir – era sorprendente lo jodida que podía llegar a ser. El Keyfra era como su ‘‘lugar sagrado’’. Un pedazo donde todo era neutro y las presiones no la seguían.

El Keyfra era un café/bar en el que siempre pasaba el tiempo cuando se le presentaba la oportunidad. La mayoría de los chicos del instituto iban a ese lugar como punto de encuentro, simplemente para disfrutar de un buen momento. Hacía poco que habían conseguido; gracias a Nick; que el dueño les dejará tocar. Y todo porque los había escuchado en el concurso anual de talento que el instituto hacía.

Aun así solo les había dado una noche cada semana. No una gran oportunidad pero valía. A parte les servía como ensayo a la audición que se les había presentado.

— No vas a ir Anna. Y no me jodas – le dijo seriamente guardando algunas cosas en su bolso y cogiendo su guitarra. No llevaba puesto nada más que una chompa turquesa que le quedaba algo grande y unos pantalones blancos. Camino sin zapatos hacia su armario y cogió las zapatillas más cercanas. Unas negras con pasadores blancos.

— Gema… - Anna utilizó su tono amenazador, aquel que siempre funcionaba. Pero su hermana la miró furiosa y negó con la cabeza.

— Hoy no funcionará – respondió y salió por la puerta de su cuarto, bajando las escaleras con rapidez.

Vivía en una casa grande de 3 pisos. Era muy antigua pero se mantenía, con pasadizos secretos que ella conocía al completo. Como aquel armario falso que había en su cuarto, que en realidad era una puerta que la llevaba hacia otra habitación pequeña a través de un largo pasadizo oscuro. Adoraba vivir en un lugar así.

Sin embargo su familia tenía mucho dinero. Nunca le pareció fastidioso el dinero, pero de hecho que le encantaba tenerlo por montones. La sala de estar parecía más un salón de baile amplio con la iluminación perfecta y cálida. Se sentó un momento en el sillón más cercano y se empezó a atar los pasadores.

Desde su posición se veía el interior de la casa. Su cocina enorme, el jardín interior, el comedor… su madre de pronto se asomó desde la cocina.

Era una mujer alta y esbelta, con las facciones cansadas y algunas canas en el pelo. Se podía ver que estaba cansada, por su postura y posición en el espacio. Pero también se podía atisbar una juventud maravillosa en el café de sus ojos.

— ¿A dónde vas? ¿Gema? – le preguntó. Aquella mujer había sido hermosa, incluso más que su hija. Se podía ver en los trazos de su rostro.

— Tengo una presentación en el Keyfra – explicó sin saber muy bien que decir.

— ¿Por qué no lo mencionaste antes? Tu padre y yo vamos a salir esta noche y tienes que cuidar de tus hermanos… - la regaño acercándose paso a paso con los brazos cruzados. Gema retrocedió un poco más hacia la puerta y palpo los bolsillos de su pantalón discretamente, con la vaga esperanza de que sus llaves estuvieran ahí. No estaban. ¿Dónde estaban cuando más las necesitaba? Miro a todos lados mientras su madre continuaba hablando.

Miro la sala. La mesilla, los estantes. No estaban por ningún lado. Miro al suelo disimuladamente y las llaves brillaron al lado de sus pies. Se le habían caído en medio de su intento de salir apurada.

En una rápida maniobra abrió la puerta, cogió su guitara y pateo las llaves afuera. Salió con rapidez.

— Tal vez vuelva tarde… ¡Te amo mamá! – gritó después de recoger las llaves del suelo y salir corriendo por la puerta.

— ¡Gema! – escuchó el grito de su madre y se alejó corriendo a toda velocidad por las calles,  con su guitarra golpeando su espalda y el bolso colgando de su hombro.

* * *

El público que ya había en el Keyfra era suficiente como para empezar una presentación. El dueño ya los tenía en la mira y si no empezaban a tocar perderían ese día. Era un hombre algo viejo, tacaño y gruñón. Con ya varias canas en la cabeza, el ceño fruncido que siempre mostraba arrugaba su rostro aún más. Los años lo habían vuelto renegón y protegía su único ingreso con su vida: el Keyfra. Cuando veía una oportunidad de ganar dinero no la perdía, y aun tenía la esperanza en esa joven banda.

Nick vio a Gema cruzar la puerta principal del local y brinco para correr hacia ella con la agilidad de un corredor de carreras.

— ¡Estás aquí! – grito como si no fuera obvio y le dio un abrazo sin razón alguna. Gema lo aceptó sin chistar. Nick tenía algo con ella, sin estar precisamente enamorado de ella. Para nada. Solo le expresaba una preferencia sobre sus demás amigos -. ¿¡Porque cojones te demoraste tanto?! – su expresión de ternura cambió drásticamente por una furiosa. 

— Nada en especial – respondió ella sin hacerse bolas y encogiendose de hombros, no iba a decirle que se había quedado dormida y si Anna no la hubiera despertado no habría llegado a tiempo. Paso al lado de su amigo y camino entre las mesas hacia el escenario.

— ¡Gema! – le gritó una voz chillona a sus espaldas. Volteó y se encontró con Karol sonriéndole ampliamente desde una mesa, con Michael y… ¿Quién era él? Le tomó unos segundos reconocer que aquel era el nuevo. Saludo a su amiga con una sonrisa y quiso acercarse pero Nick la agarró del brazo.

— Vamos – ella asintió con la cabeza. Caminaron hasta el escenario en donde ya todos los demás estaban colocados en sus lugares.

Ángel dándole unos últimos toques a su guitarra, LeBron tocando una melodía suave con el bajo y Charlie tocando en el aire con sus baquetas. Al verla todos abrieron los ojos y quisieron decir algo pero Gema los detuvo alzando la mano.

— Luego de la presentación, ¿sí? – les pidió abriendo el cierre del estuche de su guitarra. Todos rodaron los ojos y aceptaron. Nunca lo admitirían pero no le negarían nada a Gema.

Aquella chica era como si ejerciera sobre la voluntad de los demás sin desearlo, era un encanto natural que emanaba de su piel y atrapaba a cualquiera que estuviera cerca.

— Entonces escucharán nuestros berrinches hasta aburrirte – LeBron dejó su guitarra del lado, acercándose hacia ella con una gran sonrisa. Ambos eran mejores amigos, si se podía decir, y no se ocultaban nada. Aunque a Gema le gustaba ignorar el hecho de que él probablemente estuviera algo enamorado de ella.

No estaba mal en sí. Pero simplemente no le nacía estar enamorada o si quiera atraída hacia él. Alto y delgado, con la contextura más delgada del instituto. Abrazarlo le provocaba algo de terror ya que parecía que se rompería entre sus brazos. Era un año mayor y aun así no mostraba ser más maduro físicamente que sus menores. Tenía el cabello medio rapado a los lados y corto, de un rubio oscuro. Lo único que hacía que las chicas estuvieran detrás de él eran sus ojos verdes, aunque tal vez los tuviera muy hundidos y las mejillas algo chupadas. Gema nunca lo había encontrado atractivo.

— Ya veremos – respondió sacando su guitarra, colocándosela y tirándose el cabello hacia un lado. Era el momento. Con una sonrisa les dio la señal a todos y miró por encima del escenario el lugar.

El ‘‘público’’ empezó a aplaudir mientras alguien los presentaba desde algún lugar del local. El chico dejó el micrófono y el de Gema dio un pitido, indicando que ya estaba prendido. Se sentó en el banquito que siempre había para ella y tomó una bocanada de aire.

— ¿Hola? – fue lo único que se le ocurrió decir. Ya había tenido presentaciones antes, pero nunca sabía cómo empezar. Aun no se acostumbraba a tantos ojos sobre ella, atentos hacía su próximo movimiento. La luz de los reflectores la empezaba a incomodar y tuvo que mirar al frente. El Keyfra no era tan grande pero la gente hacía que lo pareciera -, ya nos conocen aunque no tengamos un nombre…

En el público Karol rio escandalosamente como si aquello hubiera sido lo más gracioso que había escuchado en su vida.  Gema agradeció interiormente el apoyo que su amiga le estaba dando.

— Eso no importa, aquí vamos – volteó a mirar a Charlie para darle la señal de que empezara.

Él empezó a tocar; como siempre tan entusiasta y viviéndola; y todos los demás lo siguieron.

Era Creep de Radiohead. Gema se dejó llevar por las notas y en el momento que debía empezó a cantar. La melodía salió de sus labios con perfección sin que siquiera se lo propusiera, solo dejaba que sucediera. Conocía muy bien esa canción y siempre le había gustado la historia que su letra contaba. Su acompañamiento era bueno, realmente bueno. Sus amigos se estaban luciendo. Cada uno por su lado.

Mientras los demás tocaba, ella los ayudaba un poco con su guitarra. Su voz era maravillosa, sí, pero le nacía más tocar que cantar. Estar en el fondo de escena y ser una ayuda en la fusión de sonidos que se formaban de una canción le parecía más espectacular que ser el centro de ella.

Dejó de pensar en el público de su alrededor y todo desapareció lentamente. Su vista se ponía como que borrosa y sentía como si su cuerpo perdiera peso. Ligera en el aire.  Por un momento todo era distinto y sus temores desaparecían. Se sentía…invencible. Dispuesta a agarrar al mundo entre sus manos y volverlo cenizas para conseguir todo lo que deseaba.

Su voz resonó en todo el lugar, perfecta y mágica. Escucharla era un deleite. Nunca se podía explicar esa sensación. Pero cuando Gema cantaba, no importaba si la canción era una completa mierda. Era…mágico. Como si pudieras hacer lo que ella quisiera en ese instante.

Karol desde su mesa hizo que todos se pusieran de pie y aplaudieran con ella. Aun así ella era la única con esa alegría innata que poseía, mientras los demás aplaudían como maquinados por algo. Pronto los demás presentes hicieron lo mismo y Gema se llenó de energía al verlos.

El solo de guitarra llegó y Ángel empezó a tocar como siempre. Era su momento y todos lo respetaban. Aumentó la sensación entre el público, que observaba a la banda en silencio. Sin embargo ninguno de los integrantes se daba cuenta del impacto que estaban teniendo, solo seguían tocando como siempre.

La canción llegó a su mejor momento cuando la voz de Gema alcanzó las notas más altas sin mostrar dificultad, como si estuviera dándole un mordisco a una dona y lo disfrutará. El final se acercaba y con ello el encanto terminaba, Gema se sentía caer con lentitud.

Con suavidad la melodía se fue apagando y con un último sonido la canción se dio por terminada.  El público estalló en aplausos y Gema se sonrojó un poco, sonriendo y mostrando los hoyitos que tenía en las mejillas. Había cantado como siempre, no notaba ninguna diferencia.

— Asombroso – Nick fue el primero en acercarse de todos. 

— Jodidamente genial – terminó LeBron detrás de ella, envolvió con sus brazos la cintura de Gema y le dio un abrazo inesperado.  Charlie y Ángel se acercaron asintiendo con la cabeza.

— En serio Gema, aquello fue la gloria – Gema estaba más que avergonzada. No podía creer lo que le estaban diciendo.

— Debemos de presentar esta en la audición. Estuvimos fenomenales, joder. Mira el público – impuso Ángel con su voz suave, como siempre. Todos asintieron en aprobación. Aquella era la canción que debía de llevarlos al éxito.

— Está dicho – concluyó Charlie y los cinco después de mirarse orgulloso miraron al público. Nunca habían logrado tanto en una sola noche.

Se decía cosas muy buenas de su banda, pero también había detractores potentes que estaban dispuestos a destruirlos a toda costa. Incluso el dueño sonreía satisfactoriamente desde su mesa. Cerca al mini bar que había.

Karol utilizó sus dedos para lanzar un silbido y a su lado Michael aplaudió con más fuerza. Ninguno encontraba una mejor manera de retirarse del escenario.

— ¿Otra canción? – se atrevió a decir Gema llevada por la euforia a través del través del micrófono. El público asintió con la cabeza y lanzó un grito en respuesta. ¿Era su impresión o el local se había llenado? Sonrió divertida y volteó para mirar a la banda -. Ya escucharon.

Ni siquiera respondieron. Solo se colocaron en sus lugares y se miraron entre todos. Gema sabía con que debían de seguir por lo que se acercó a cada uno y les susurró una canción en el oído.

Todos aceptaron dudosos, a Gema nunca le había salido bien esa canción pero ella lucía muy segura por lo que aceptaron y confiaron en su amiga. Su confianza había emergido de la oscuridad y estaba que bullía por explotar. Por lo que asintió, haciéndoles saber que estaba preparada.

Nick empezó con la guitarra y Gema entró a los segundos. Girl With One Eye de The Florence + The Machine fluyó de sus labios con la misma facilidad que Creep y en menos de lo que pensó ya tenía nuevamente al público entre sus manos.

* * *

Después de tocar por una hora sin descanso, todos bajaron del escenario en medio de ovaciones. Fue una noche que hicieron suya por completo. El momento en que por fin su banda se lució.

La euforia que el público les profesaba hizo que tuvieran que cambiar de rumbo y regresar a los camerinos con increíbles sonrisas en los rostros. Nunca habían conseguido ni una pisca de ello y estaban gratamente sorprendidos.

— Juro que podría besarte ahora mismo – LeBron agarró a Gema de los hombros, sin perder la gran sonrisa. Ella sonrió incómodamente y negó con la cabeza.

— Ninguno debería de agradecerme a mí. Fue increíble por todos, un puto trabajo en equipo ¿okay? Así que no me alaben a mí, sino a ustedes mismos – ninguno le hizo caso, rodó los ojos -. Bésense entre ustedes en todo caso – aclaró empujando divertidamente a LeBron para entrar en el camerino y buscar su estuche de guitarra. Nick negó con la cabeza exageradamente.

— ¡Ni cagando los besaría! – dijo haciendo una mueca extraña para luego partirse de risas.

— Mary Elizabeth viene de camino, no los necesito – fue la respuesta de Charlie y todos lo miraron como si fuera un competo imbécil.

— Eso no interesa, Charlie – le soltó Gema y este se encogió de hombros -. Como sea, mañana ensayamos. Si a alguno se le ocurre faltar los castro. ¿En el estudio? – le preguntó a Nick, ya que este poseía un estudio que siempre utilizaban. El chico asintió.

— No falten, ¿eh? – la apoyó LeBron poniéndose serio.

— Creep debe de salir perfecta – Ángel lucía más emocionado de lo normal, y era extraño. Él de por sí deliraba de emoción por cada cosa pequeña en la vida, como tener una buena noticia o sacar una mala nota. El entusiasmo entre ellos.

Gema le sonrió y sin contenerse lo abrazó con fuerza, compartiendo por primera vez su emoción extremista. Los demás vieron la situación divertida y se acoplaron al abrazo.

— Aléjense, esto ya se tornó estúpidamente cursi y vomitare – se quejó Gema entre ellos intentando débilmente alejarlos. Pero todos tenían más fuerza que ella por lo que tuvo que esperar que uno por uno se separaran hasta que quedará libre y los mirará furiosa.

— ¡En el estudio mañana! – medio gritó Nick llenó de emoción.

— Si, solo no seas tan cabro – pidió LeBron y Nick lo miró furioso -. Les vamos a dar por el culo a las demás bandas y ganaremos aquella audición – agregó y todos asintieron convencidos de que lo podían lograr.

— Ustedes encárguense de darles por el culo, yo solo cantaré – dijo Gema sin dejar de sonreír y fue hasta la puerta -, ¡Nos vemos mañana! – les dijo a medida de despedida y salió de la parte trasera del escenario.

En cuánto Karol la vio dio un brinco desde su asiento hasta ella para darle un gran abrazo. Hablaba tan rápido que parecía delirante, a duras penas pudo entender algunas palabras de las que su amiga botaba. Estaba más que eufórica y aquello la hacía feliz. Karol poco a poco se recuperaba y volvía a ser la misma.

Y en eso tenía mucho que ver Michael, que desde la extraña desaparición de Karol se habían vuelto tan unidos. Donde estaba Karol aparecía Michael a su lado, con la preocupación en el rostro.

Sin preguntar Karol envolvió sus delgados dedos en su muñeca y la arrastró hasta la mesa en la que estaba.

— Bien hecho, frentona – la felicitó Michael dándole una palmada en la frente. Gema lo miró con los ojos entrecerrados. Era verdad que su frente no era tan pequeña, pero no era para tanto.

— No jodas – se quejó Karol dándole un golpe en el hombro para reír como una niña pequeña. Ambos se miraron por un fragmento de segundos, pero Karol regresó a la realidad y tomó asiento con Gema  frente a Michael y Rolf. Rolf, que hasta ese momento había pasado desapercibido para los ojos oscuros de Gema -. Tenemos que ir a celebrar esto. Tú elige el lugar y yo me encargó de los gastos – ofreció Karol con una inmensa sonrisa. Gema se planteó la propuesta.

Rolf miraba a Gema con infinito cuidado. Aunque lucía aburrido, estaba más que maravillado con aquella chica de cabellos oscuros y piel blanca. Le fascinaba admirar sus facciones. La curva perfecta de su nariz, los hoyos que se formaban en sus mejillas y el brillo de sus ojos oscuros. Era como si al verla el tiempo se volviera más lento. No entendía que le sucedía con ella, solo tenía que averiguarlo.

Deseaba tanto que algunas de sus palabras estuvieran dedicadas hacia él. Después de todo, el punto de que Michael lo llevará hasta ahí era ese ¿no? Escuchar su melodiosa voz referirse a él.

Gema, joder. Gema.

Cuando la vio por primera vez apenas pudo contemplarla porque estaba a lo lejos, y no llamó su atención. Luego al verla pasar cerca de él por los pasillos las cosas cambiaron. Supo que tenía que conocerla. Y entablar con ella más que una mera amistad. Ella era como una diosa andando, flotando en el espacio para ser contemplada por los seres humanos. Era imposible no desearla. Su timidez era lo único que le jugaba en contra. Su único y peor enemigo.

Se animó a decir algo pero su voz fue opacada por la de un mesero que se había acercado a la mesa.

— Que buena la que se montaron, Gema tu voz es impresionante – Rolf giró la cabeza para encontrarse con Karl, mierda. Entrenaban juntos y lo conocía de años, él llevaba trabajando en el Keyfra desde hacía algunos meses. ¿Y ya conocía a Gema?

— A ver si convences a tu padre para que nos deje presentarnos más seguido – Gema había ignorado el cumplido con un sonrojo, discreta. 

— Si prometes que será como lo de hoy me jugaré el trabajo para que lo hagan – Karol miraba al chico algo incomoda, al igual que Michael. Rolf lucía a punto de golpearlo por arruinar el momento por el que tanto se había armado de valor –. Como sea, saluda a los chicos de mi parte – dejó el pedido de Karol frente a ella –. Nos vemos Rolf - se despidió por último de él antes de irse a otra mesa.

Gema fijó su mirada en él y abrió los labios para decir algo, pero Karol la interrumpió. Rolf cerró los ojos de frustración. ¿Justo ahora todos le jugaban en contra?

Tiempo perdido, juego acabado.

— ¿Qué dices de salir con nosotros?

— No lo creo, Karol. Tengo que regresar rápido a casa. Para otra será – respondió encogiéndose de hombros -. Pero eso no quiere decir que debas de perder esta oportunidad. Salgan a algún lugar. ¿No todos hoy iban a estar en donde siempre? – comentó y Karol asintió desganada. Michael miró a Rolf y supo que tenía que salvar la situación por su amigo.

— No demoramos tanto, ¿solo una pizza? – sugirió.

— Tengo que regresar a casa antes de que me veten de ella. Lo siento chicos – parecía sincera. Karol se resignó.

— Pero dejamos esta para otra, ¿sí? – Gema asintió con la cabeza, sin dudarlo. No había nada que le pudiera negar a su amiga.

— Para otra – respondió y se acercó a Karol para darle un abrazo -. Cuídate – le pidió más que decirle y se despidió de Michael con la mano. Olvidándose nuevamente de Rolf.

Luego su figura desapareció por la parte trasera del escenario nuevamente. Sabía decisión en verdad, considerando la atención que tendría por la entrada principal.

* * *

Después de estar luchando varios minutos contra el metal oxidado de la puerta, Gema logró abrirla y salir al callejón oscuro al que daba esa zona. Agotada sacudió su bolso por el polvo que le había caído y amarró su cabello en una especie de moño improvisado.

La puerta se cerró con un sonido muerto y Gema se encontró en la oscuridad de un callejón. ¿Desde cuándo no usaban esa puerta? Hacer eso la había hecho perder mucho tiempo, y era lo que menos necesitaba. Bajo las escaleras que había de la puerta al suelo y enfocó la vista para distinguir el final del callejón.

Se veía a lo lejos la calle llena de luces y gente transitando por ella. Nerviosa caminó con rapidez, ya se estaba arrepintiendo de haber tomado ese camino. Igual ya no importaba, solo tenía que llegar al final. Ya no falta mucho para llegar a la vereda…

Un brazo salió de la oscuridad y la jalo, arrastrándola contra la pared. Era una mano grande, que le tapó la boca para que no lanzará un chillido. Asustada sintió como la apretaba contra la pared, inmovilizando su brazo debajo de su cuerpo.  Sintió una respiración cálida encima de su rostro. Un hombre sin duda, de espalda ancha y brazos fuertes. Sin dejarse llevar por el pánico controló su pulso y pensó con claridad.

Con dificultad y dolor liberó el brazo que tenía detrás de la espalda sin que su atacante no se diera cuenta. Sacó lo más duro que encontró en el interior de su bolso y dejándose llevar por la adrenalina le atestó un golpe con fuerza a su atacante en la espalda y cabeza. Él se agacho y esquivo el segundo el golpe, ella aprovechó la distracción de él y se alejó lo más rápido que pudo.

— Hey – dijo él saliendo a la luz detrás de ella. Estuvo a punto de gritar pero vio su figura, la sonrisa divertida en el rostro.

— ¡Miller! – gritó furiosa. Ahora podía verlo con total claridad, ya que emergió por completo de las sombras. El cabello claro, los ojos azules brillando en el rostro. La furia en su interior se acumuló y le propinó una buena cachetada -. ¡Deja de acosarme! – gritó.

Él llevó su mano hacia su rostro y acaricio su mejilla sin perder la sonrisa burlona.

— Yo estaba aquí solo de pasada, lo juro – alzó los brazos como gesto de inocencia.

— ¿En un callejón? ¿En medio de la oscuridad? – respondió Gema con ironía -. ¿Para atacarme y pasarte de gracioso? Me has dado un susto de puta madre, Miller.

— Comprobar si te defendías, y que bien lo haces – Gema no aguanto mirarlo más y apartó su vista de él indignada. Miller solo se encogió de hombros.

— ¿Qué quieres? – preguntó cansada.

— Te acompaño a tu casa. Ya es tarde y sabes muy bien que esta zona no es segura – la respuesta de Gema se materializo en su rostro.

— Me vale madres lo segura que sea. Puedo irme por mi misma y cuidarme también – señaló el moretón que se podía ver en el cuello, al inicio de la camiseta y la mancha roja en su rostro. Sin esperar una respuesta se dio la vuelta y empezó a caminar entre la gente.

Estuvo tranquila por un momento, sin saber que él estaba detrás de suyo. Volteó y vio que la seguía. Soltó un bufido exasperado.

— En serio. Demonios, déjame en paz – medio le grito entre la gente, acelerando el paso. Pero él la siguió como si fuera un juego. Nunca había sido rápida y menos en ese momento.

— Vamos por la misma ruta, va a ser lo mismo – dijo él conteniendo una risa. Gema tuvo que admitir que ya había dejado de sentirse molesta.

— Cada uno irá por su lado en ese caso – sentenció defendiéndose para cruzar la calle.

— Entonces déjame decirte que cantaste grandioso hoy – Gema se quedó quieta de pronto. No lo había visto en el público, lo hubiera reconocido. Sin desearlo se fijó en él.

— Gracias – respondió sin dejar de mirarlo. ¿Por qué se detenía de pronto?

— Esa canción me hace pensar mucho en ti, ¿Sabes? Creep. Sería más fácil cantártela que explicar lo que sucedió en el verano – aquello dejó más muda a Gema. Esa canción, su letra… -. Eres jodidamente especial – le susurró Miller como despedida y cuando volteó ya no estaba más a su lado.

Era verdad. Explicar el verano en una canción era más fácil que intentar entenderlo. Y también que alejarse de Miller por todos los medios después de que había sido tan cercano a ella.

Cruzó la pista y caminó sin ninguna molestia siguiéndole los pasos.

* * *

Aún sentía las palabras de Miller cuando llegó a casa. Había entrado silenciosamente por si su madre estaba cerca. Tenía la esperanza de que sus padres hubieran salido y que su no presencia no les haya arruinado los planes.

Su esperanza se desvaneció cuando al entrar a su habitación vio a su madre esperándola con su bata y una taza caliente entre sus manos. No lucía nada contenta.

— Ni siquiera intentes explicarte, ¿entendido? Solo háblanos de tus plantes antes, para no crear nuevos que terminen en un basurero – sin decir más salió del cuarto de su hija.

Gema se sintió culpable y comprendió la molestia de su madre. Casi nunca podía avisarles. Y eso era porque casi todo el tiempo se la pasaban en el trabajo. En especial su padre.

En el Keyfra había perdido la noción del tiempo, entre canción y canción había olvidado mirar el reloj.  Pese a sentirse molesta consigo misma por lo de sus padres, aun en su cuerpo corría la energía y la adrenalina de ese día.

Se tumbó boca arriba en su cama, mirando el techo. Este estaba decorado por unas estrellas pegadas que cuando recién las compraron brillaban en la oscuridad. El efecto se había perdido 14 años atrás.

Recordaba el último día que brillaron, tan pequeña y a penas consciente de lo que pasaba. Ellas eran su único punto de distracción en la noche y la hacían sentirse tan libre.

Por un momento sintió la voz de Miller cerca de su oído nuevamente. Solo por un momento…que inmediatamente desapareció de su mente. Exasperada salto de su cama y busco su laptop para distraerse. Intentando ignorar lo que había pasado.

Tuvo que buscar por varios minutos su laptop  ya que en el verano había estado fuera todo el tiempo y ni tiempo de utilizarla había tenido. Ni siquiera recordaba cuando era la última vez que la había utilizado. La encontró dentro de su armario, debajo de un montón de ropa.

Se sentó en su cama y la prendió. Mierda, batería baja. Ni quería pensar en buscar el cargador en medio de ese desastre de cosas esparcidas por todos lados.

Como si un deseo hubiera pedido o por obra del jodido destino, entró Anna a su cuarto. Tenía una caja llena de cosas.

— Aleluya, tú en casa – la miró de arriba abajo minuciosamente, como si buscará alguna evidencia de la que pudiera acusarla -. He estado limpiando mi cuarto…y encontré muchas de tus porquerías – le dijo dejando la caja frente a ella.

Se fue sin decir más, parecía más cansada de lo normal. Sin pensar más en su hermana Gema cogió la caja entre sus manos y la puso entre sus piernas. Había unas cuantas prendas de vestir, un libro antiguo y muchas revistas. Pero lo mejor de todo: el cargador de su laptop. Tiro la caja debajo de su cama y conecto el cable.

…Gerard.

Fue lo primero que vio cuando la introducción terminó y la pantalla se ilumino encendiendo su laptop. Gerard y ella en su fondo de pantalla. Mientras el internet cargaba observo la foto.

Amaba esa foto, y aun le seguía gustando. Karol se las había tomado sin avisar, mientras ambos conversaban.

Gerard la cogía de la cintura, atrayéndola su cuerpo delicadamente hacia él. Él estaba completamente desarreglado mientras ella lucía una falda tubo negra y una blusa rosa con puntos blancos. La incomoda vestimenta que había tenido que utilizar para la presentación de inglés. Solo le había gustado usar los tacos ya que la hacían verse un poco más alta que Gerard.

Los ojos oscuros de él brillaban y su sonrisa era la de siempre, como un cachorro perdido. La miraba perdido en ella. Mientras que Gema lucía ajena, con la mirada en otro lado pero sonriendo. La secuencia de fotos seguía en orden. Con ella volteando la cabeza hacía él y ambos mirándose fijamente con los rostro muy cerca. Él dándole un beso en la mejilla y por ultimo ambos viendo a la cámara avergonzados.

Gerard y Gema. La foto era de 1 año atrás, cuando seguían en la secundaria con Karol y algunos más. 

Era increíble que ya fueran 2 años desde que lo conoció y con el tiempo algo surgió entre ambos. Él no se había dado por vencido por más que ella puso todo tan complicado. Hasta que la hizo y empezaron una larga relación.

El hámster que él le regalo descansaba en su jaula tranquilamente, ajeno a todo. Verlo le recordaba tanto a él y como lo había dejado. Su corazón se encogió y por un momento sus ojos se nublaron, pero parpadeo varias veces y la sensación desapareció dejando un vació en su lugar.

Hacia no mucho de eso. ¿Un mes? Menos. Le dolía el hecho de que todo acabó porque dejo de sentirse igual con él. Mientras que él parecía que nunca podría dejar de quererla. Precisamente fue por ello que termino con él. Porque no podía corresponder al amor que él le estaba dando. Era demasiado para ella.

Negó con la cabeza y abrió la configuración para cambiar la foto. Colocó una predeterminada que le gustó y abrió el navegador sin ganas de seguir pensando en Gerard.

Todo el verano sin una laptop. Solo con un IPod que la comunicaba con el mundo cuando no estaba con los que más hablaba.

Abrió su perfil social sin saber a qué entrar y soltó un suspiro de aburrimiento. Tenía un largo mensaje de Karol hablando de Jonathan. Como siempre. Lo respondió y quiso cerrar su cuenta pero le llegó un nuevo mensaje.

Era una cuenta que no tenía agregada.

‘‘Hola, soy Rolf. No nos conocemos pero soy nuevo en el instituto al que vas. Michael me dijo que nos presentaría pero quiero conocerte. Y bueno…soy Rolf’’

Gema leyó el mensaje y contuvo una risa por no ser cruel. Recordaba vagamente al nuevo, sin embargo no le atraía. En ese momento lo menos que necesitaba era estar fijándose en cualquier chico que se le cursará.

Un poco cansada respondió y se pasó las horas siguientes hablando con él. Compartían más de una cosa y era entretenido.

Cuando el sueño amenazó con llevársela sobre su laptop se despidió. Sin más se recostó en su cama dejándose vencer por el cansancio. Sin percatarse que un mensaje nuevo brillaba en la pantalla.

‘‘Creo que dejaré a Edgar. Hay algo que debo de hablar contigo’’

Era de Deborah. Con el tiempo la pantalla se apagó y Gema no lo vio.

* * *

Desayunar, ducharse, cambiarse y salir de casa. La rutina de siempre.

En cuanto Gema despertó solo tenía una cosa en mente: el encuentro planeando con Catalina.

Antes de tiempo y con ánimo renovado Gema llegó al Keyfra y tomó asiento en una de las mesas que había junto a la ventana. Era sus favoritas porque tenían una vista increíble al parque del frente.

Nadie que la conocía estaba cerca ya que era temprano y ningún estudiante del instituto tenía la política de empezar el día o ir al Keyfra a esas horas. Amaba esos pequeños momentos en los que podía descansar sola, con ella misma.

El repiqueteo de las campanillas aviso que alguien había llegado a las puertas del Keyfra. Dirigió su mirada a la puerta y se encontró con Catalina atareada, como siempre, y caminando hacia su mesa.

Sus ojos cafés brillaban un poco ocultando el cansancio que tenía. Gema apostaría a que se quedó toda la noche leyendo. Si se trataba de Catalina, pues libros y estudios eran lo que la describían mejor. Y es que siempre ella quería ser la mejor en lo que se propusiera.

— Hola – murmuró soltando los libros que tenía sobre la mesa. Gema se asustó al ver la cantidad que tenía. ¿Realmente leía todo eso?

— Hey – dijo Catalina chasqueando los dedos frente a ella, que aun miraba sus libros -. Aquí – le recordó y Gema despertó.

— Ah sí, lo siento – sonrió mientras miraba a su amiga a los ojos. Catalina se sonrojó. Lucía más que nerviosa y ansiosa.

— ¿Qué? – dijo algo a la defensiva. Gema reprimió una sonrisa. Era sorprendente como las personas estaban cuando sentían algo -. No me hagas decirlo en voz alta, ¿sí? Lo vuelve…real – Gema asintió con la cabeza. El punto de su reunión con Catalina.

— Oh, pero tienes que decírselo – Catalina negó con la cabeza, horrorizada.

— Nunca, eso está fuera discusión.

— Claro que no, tienes que hacerlo.

— ¿Estás loca? – Catalina la miró como si Gema le hubiera pedido que mate alguien o le consiguiera drogas gratis.

— Él tiene que saberlo. Así tendrás oportunidad…

— No – fue la rotunda respuesta de Catalina, que se cruzó de brazos y se quedó quieta y muda. Una camarera se les acercó y ambas detuvieron su conversación.

Gema pidió por ambas mientras Catalina miraba el paisaje en silencio.

— Llevó guardándome esto por meses ¿okay? Y solo estoy jodidamente asustada. No solo tú lo has notado. Se lo conté a otra persona que…me entiende – Gema la miró confundida – Gerard – soltó y la chica se tensó por un segundo.

— Oh bueno – fue lo único que pudo decir.

— Y creo que él ya se lo confirmo a Michael y… ¡Ah! – Catalina soltó un grito que atrajo la atención de algunos.

— Eso es una razón más para decírselo – concluyó Gema y vio la inseguridad oculta en la actitud de Catalina -, vence el miedo y consigue al enemigo – le dijo picará y le guiñó un ojo.

— Bien – aceptó Catalina soltando un largo suspiro. Gema le sonrió y Catalina solo alzó un poco las comisuras de los labios.

* * *

Después de pasarse el día entero de un lado a otro, regreso a su casa por su guitarra. Gema alistó su guitarra para ir al ensayo en el estudio. Todo seguía con normalidad, pero tenía el sentimiento de que estaba muy cargada desde sus últimos pensamientos sobre Gerard. Casi nunca lo recordaba, ya que siempre evitaba el tema. Intentaba no prestarle atención a cosas que la hicieran volver al pasado.

Sin embargo frente a sus ojos su pequeño hámster se movió en su jaula, con esos puntos negros en la cabeza que parecían más botones que ojos. Sacudió su cabeza, eso de no recordar era más sencillo.

Con paso lento cruzó la puerta de su casa, su madre ya sabía del ensayo así que no quiso fastidiarla y avisarle. Desde la última pelea que habían tenido evitaba el contacto con ella, odiaba su mirada fría sobre ella. La hacía sentirse mierda.

Sorprendida notó que no había nadie en la calle. El viento corría con una tranquilidad inquietante, como si presagiara que algo le pasaría en cualquier momento. Ignoró aquella sensación y empezó a caminar.

Para cuando llegó al estudio sus manos estaban heladas, y su cuerpo tiritaba. LeBron la estaba esperando apoyado en la puerta, y al verla corrió a su encuentro.

— Pensamos que nos vendrías – le dijo envolviéndola con sus brazos para darle calor. Lucía pálida.

— Como crees – respondió Gema dejándose envolver por los brazos cálidos de su amigo. Los dos juntos caminaron el trecho que quedaban y entraron al estudio.

Eran inmenso y tenía todos los materiales que podían necesitar. Era increíble ser amigo de Nick en ese aspecto. Su pasión era la música y no le ponía ningún límite a cuanto hacer gastar a sus padres por sus objetivos.

Ángel estaban dentro y la saludó a través del vidrio. Gema sonrió de vuelta y entró a la cabina seguida de LeBron. A pesar de todo Gema no estaba de ánimos para ensayos, pero se los debía a sus amigos y no podía fallarles. Ella era como la líder entre ellos y si los abandonaba todo amenazaba con colapsar.

Se sentaron en el suelo, a lado de Ángel, y Gema sacó su guitarra. Charlie y Nick aparecieron por la puerta, agotados.

— Lo siento, nos demoramos – comentó Charlie como si nadie hubiera notado ese detalle. Gema lo miró de forma irónica y LeBron sonrió divertido.

— Pero tenemos noticias – dijo Nick sin darse cuenta de las burlas hacia su amigo. Charlie se sentó en el suelo e intento respirar lentamente -, nos ha llegado un correo de los organizadores del concurso – inmediatamente todos abrieron los ojos como platos, prestándole atención. Habían estado pensando solo en eso.

— La fecha del concurso se ha adelantado – soltó Charlie a todos -, va a ser esta semana – concluyó y todos se quedaron callados por unos minutos. Ángel decidió romper el silencio.

— Entonces, ¿Qué estamos esperando para empezar? – se puso de pie con una sonrisa radiante muy propia de él, dándole ánimos a todos -. ¡A ensayar! – exclamó y nadie se negó.

La fecha se adelantó. Asombroso. Lo único que le faltaba. Gema sentía que la cabeza le iba a explotar, e iba a ser muy aliviador para ella. Lo que menos quería era ensayar, necesitaba descansar por un momento de su rutina.

Se acomodó en el banquillo que siempre había para ella, justo al frente del micrófono. Y se dejó llevar por las notas musicales intentando obviar el hecho de que ese sería el ensayo más largo de su vida.

* * *

Tres horas no fueron suficientes para convencerse a sí mismos de que podían hacerlo. Y es que todos cedieron a irse cuando Gema les pidió que le dejaran descansar su voz. Aquello había parecido 3 años para ella.

Gema salió del estudio y respiro el aire frío de la tarde. A un lado el sol ya parecía querer ocultarse entre las nubes, a sabiendas del frío que se aproximaba se colocó una gorra y sin dudarlo empezó a caminar tranquilamente con la idea de ir al Keyfra unos minutos, a comprarse una dona y tal vez un café para luego descansar en su casa. Cuando llegó no pudo evitar mirar el callejón por el que había salido la noche anterior. Un escalofrió le recorrió el cuerpo sin que lo deseara. En medio de su ensoñación resbaló con una lata tirada en el suelo y todas sus cosas salieron volando.

Cerró los ojos y respiro. Tenía que calmarse. Se puso de pie y recogió sus cosas. De verás necesitaba algo que le quitará el dolor de cabeza y esa extraña sensación de vació en su interior. Mientras recogía sus cosas sintió como alguien se acercaba y la empezaba a ayudar.

Cuando alzó la vista supo que ni mil aspirinas le quitarían el dolor de cabeza que iba a empezar a sentir.

Miller. Parado tendiéndole su agenda, con una sonrisa burlona como siempre. Gema soltó un bufido. ¿Por qué ahora le molestaba tanto hablar con él si en el verano habían sido inseparables?

— ¿Y esa cara? – le preguntó él colocando la libreta dentro de su bolso abierto. Su voz sonó exageradamente preocupada.

— Es el olor que desprendes – le dijo señalándolo con un ademán, y es que sabía que tenía una cara de furia y asco. Con el ceño fruncido y el labio torcido en un gesto extraño. Miller sonrió aún más y sus ojos reflejaron una chispa extraña.

Gema no tenía tiempo para jugar con Miller, así que con paso firme camino de vuelta a la vereda hacia su casa. El plan de la dona y el café acaba de ser eliminado.

Casi esperándolo, volteó y lo vio caminando detrás de ella. La alcanzó antes de que se diera cuenta, como siempre. En un momento fugaz le arrebató la guitarra y se la puso en el hombro. Gema ni siquiera tuvo tiempo de poner fuerza y lo vio caminando con su paso de dios con su guitarra apoyada en la espalda.

— Y, ¿A dónde vamos? – preguntó como si nada, dándole un empujón para que siguiera caminando.

* * *

Media hora caminando y Gema seguía sin saber a dónde llevarlo. Miller no daba señas de estar cansado o frustrado, sino todo lo contrario, a cada minuto su expresión se volvía más divertida.

Gema en un inicio pensó que despistarlo sería pan comido, llevarlo a todo lado hasta que se aburriera y terminará yéndose. Lo conocía y sabía que lugares lo aburrían. Pero eso parecía que esta vez no funcionaría.

Eran completamente opuestos uno al lado del otro. Miller con un paso tranquilo y fresco, caminando como si ninguna chica valiera la pena frente a él. Al mismo tiempo reflejaba inseguridad en los ojos, y con cada mirada que le daba a Gema. La chica más hermosa sin duda. Con un aspecto furioso y nervioso.

Rendida se dejó caer en una banca de madera. Se había detenido en un parque infantil con muchos juegos para niños. Los pequeños revoloteaban de un lado a otro y lo único que escuchaban eran sus risas y gritos chillones. Miller la miró unos segundos y se sentó a su lado.

— ¿Te rendiste de que me vaya? ¿Tan rápido? – Gema ni siquiera quiso verlo. Continuó con la mirada hacia el frente -. Solo podrías decir que no quiere que te siga y me iría…

La chica soltó un bufido. ¿Realmente se iría si se lo pedía? Y es que parecía fascinarle darle la contra.

— Dímelo Gema. Dime que importa una mierda el tiempo que pasamos en el verano y que ya no te interesa seguir siendo mi amiga. Que te vale madres si te sigo o no. Dímelo a los ojos y te prometo que nunca más intentaré arreglar lo que sea que se haya malogrado en nuestra amistad – Gema sintió como la gruesa voz de él traspasaba los mechones de su cabello -. Pero no puedes – concluyó él.

— ¿En serio crees que no? – Gema volteó a verlo frente a frente, enfrentarse al azul de esos ojos que conocía tan bien -. Pues tu ego no te permite ver la realidad – respondió cortante, intentando lastimarlo. Tomó la determinación para hacer lo que debía de hacer -. Déjame – le dijo mirándolo directamente, las palabras dolieron cuando salieron de sus labios -, para siempre.

Creyendo la batalla ganada Gema quiso sonreír pero algo la detuvo, un nudo en su garganta… ¿culpa?

— ¿En serio crees que soy tan malo para ti? Llevas conociéndome desde hace años y solo quería acercarme más a ti, cosa que hice por un momento, pero desde que las clases empezaron solo me envías lejos y más lejos. Deja de jugar y decide que quieres para ti, joder.

Gema se quedó callada y tuvo que aceptar cierta verdad en las palabras de él.

— Has estado más cerca de los que crees – admitió antes de retener por más tiempo las palabras en su interior -. Yo…estoy asustada, ¿okay? – liberó lo que tanto le costaba admitir.

Cuidadosamente Miller estiró su mano encima de la banca, las yemas de sus dedos deslizándose por la madera silenciosamente hasta llegar al encuentro de la mano de Gema. Al sentir el contacto frío alejó su mano por reflejo y alzó la vista para verlo. Él envolvió con sus dedos la mano pequeña de ella sin dejar de mirarla.

— Olvídate de todo, como en el verano – le ofreció con una sonrisa de lado. Y sintió como si el verano volviera de pronto.

Ya no le importaba si era una locura.  Quería dejar de sentirse agobiada por su ruptura con Gerard, nerviosa por la audición al concurso y asustada por las cosas que Miller llevaba ya mucho tiempo causando en ella.

Él no era malo, ella quería verlo malo. Porque así se hacía más fácil evadir todo lo demás.

Por un momento quería dejarse llevar…ser libre.

Sin saber que tenía él en mente lo siguió sin soltar su mano, adentrándose en el parque hacia los juegos repletos de niños.

— ¿En qué estás pensando? – lo interrogó Gema sin lograr captar su atención.

— Un momento – pidió y se acercó a un niño que tenía un helado. Cuidadosamente hizo que se le cayera al suelo – Ups – dijo sin siquiera sonreír. No mostró ninguna emoción en el rostro.

El niño lanzó un grito/sollozó escandaloso y chillón para salir corriendo como un nene. La mayoría de los niños lo siguieron y solo quedaron los dos solos.

— Eres un capullo – le gritó Gema molesta y él se encogió de hombros.

— Ese niño era un capullo. Mientras hablabas no sé si viste como trataba a una niña pequeña, se lo merecía – igual Gema lo miró furiosa unos minutos hasta que se calmó. Miller dio su defensa y se sentó en uno de los juegos de plástico.

Gema tuvo que calmarse interiormente antes de matarlo. Pensó en todos los niños y solo tuvo que aceptar cuanto la irritaban en más de una ocasión. A penas y toleraba a su hermano menor. Sin saber que decir se acercó a Miller hasta quedar frente a él.

— ¿Y que se supone que tienes planeado hacer? – Miller sonrió de lado y extrajo una bolsita hermética de su bolsillo trasero.

— Jugar en estos juegos como niños, pero con estas – dijo alzando la bolsa frente a Gema. Dejando ver unas pastillas bailar en su interior.

— Las malas lenguas decían que eras más sano que el agua – comentó Gema cogiendo la bolsa y examinando su interior -, y yo no cagó mi vida con estos – se la devolvió, golpeándola contra su pecho.

Miller alzó sus cejas pobladas y sostuvo la bolsa de vuelta.

— Es cierto. No tomo, no fumo ninguna hierba. Pero no dejó que algunas pastillas me alegren – Gema puso los ojos en blanco y negó con la cabeza -. Oh, vamos. No es ninguna droga…hablando estrictamente es lo que tomarías si estuvieras algo enferma – Gema negó con la cabeza.

— ¿Cuál es su efecto? ¿Euforia? – soltó con ironía y Miller se encogió de hombros.

— Solo una. No te hará absolutamente nada – prometió alzando la mando y poniéndose una mano al pecho. Gema soltó un suspiro.

— Y después dices que no eres malo para mí – fue su último comentario antes de que Miller sacará dos pastillas, le diera una Gema y ambos la tomarán al mismo tiempo.

El efecto no fue al segundo pero él rio como idiota frente a ella. Dio un salto e ingresó al primer juego de toboganes, jalándola con la mano detrás de él. Perdiendo la noción de todo juntos se internaron en ese juego y tal y como prometió Miller, olvido todo.

* * *

Muy lejos de Gema, en su mochila; que había dejado tirada en el parque; su celular vibró. La pantalla se encendió en la oscuridad e iluminó el interior con un mensaje.

‘‘Dejé a Edgar. Te necesito’’

Nuevamente se apagó y Gema continuó ajena.

* * *

Ya ni siquiera recordaba cuanto tiempo llevaban en ese laberinto infantil, siguiéndose entre las sombras. Se estaba divirtiendo mientras Miller la perseguía y cantaba una canción que conocía muy bien. Su voz gruesa rebotaba en las paredes del túnel, llegando a ella como una vibración.

Creep.

Era como si la música rebotara en su interior, resonando en sus oídos con fuerza. No sabía si cantaba bien, solo se dejaba llevar por la letra y su significado.

Miller la alcanzó sin dejar de cantar y atrapó su tobillo, deteniéndola. Aquello envió una descarga a todo su cuerpo y se detuvo sin que él hiciera fuerza.

Con cuidado se abrió paso entre el túnel y ella, para quedar de costado con Gema muy cerca de él. Era increíble pero ambos entraban en ese reducido espacio.

Gema tenía que admitirlo, mientras él cantaba frente a ella. Estaba más que intimidad frente a él. Desde esa altura tenía que alzar un poco los ojos para verlo al completo. Las facciones duras. Las cejas grandes y pobladas. No era tan hermoso como decían, con la nariz demasiado pequeña para el rostro y los ojos tal vez algo achinados. Sino era lo que significaba para ella.

Cuando él estiro su mano para acariciar su mejilla Gema no se sintió nerviosa, se sintió segura. Él empezó la segunda estrofa, casi susurrándosela como un secreto.

Era como si algo vibrara en su interior, una sensación nueva y abrasadora. Como un clic en su cabeza que había querido ignorar por tanto tiempo peor ya no podía hacerlo por mucho más.

Sus miradas se encontraron en la oscuridad y Gema contuvo el aliento.

— ¡Salgan de ahí ahora mismo! – escucharon la voz furiosa de una mujer desde afuera.

— Coño, la madre del niño – maldijo Miller y ambos salieron como sea de ese lugar.

Afuera ya los esperaba una mujer algo vieja con los brazos cruzados y un pie dando golpecitos en el suelo. Tenía toda la pinta de ser una mujer de armas de tomar. Detrás de ella el niño sonreía maliciosamente.

Miller cogió el bolso de Gema y se lo lanzó mientras se ponía la guitarra a la espalda. Corre. Le dijo a Gema con los labios y ambos emprendieron la huida.

— ¡Vayan a hacer sus cochinadas a otro lado! – les gritó la mujer mientras ambos corrían sin mirar atrás. Gema disfrutó del momento.

Se detuvieron junto a la laguna artificial que había y Gema no supo si seguir corriendo y huir de todo nuevamente. Más Miller conociendo sus intenciones la detuvo antes de que pudiera hacerlo.

— ¿Qué me estás haciendo? – le gritó Gema soltando su frustración y acercándose demasiado a el rostro de él.

— Te preguntaría exactamente lo mismo – ambos se quedaron en silencio, con las respiraciones agitadas. Estaban tan cerca por un momento al siguiente se encontraban alejados por otra eternidad.

Si se consideraba la distancia no era nada. Y Miller tomó la determinación de acabar con todo. Sin contenerlo la atrajo hacia sí y le plantó un beso. Gema no tuvo lugar a reaccionar y se dejó llevar por el momento.

Hasta lo que separó de sí. Miro a sus ojos brillantes y salió huyendo de ahí sin mirar atrás.

* * *
Tras correr por lo que pareció una eternidad Gema llegó a su casa y se encerró en su cuarto sin saludar a nadie. 

— ¿Gema? - una voz aguda la sorprendió y se encontró con Karol sentada sobre su cama. Gema intentó calmar su respiración en vano. ¿Por qué no le habían dicho que tenía visita? Oh claro, no se había molestado en saludar a nadie.

— ¿Karol? ¿Qué haces aquí? - logró que su voz sonará tranquila, mas su amiga no se lo tragó.

— Quise sorprenderte, como siempre - Karol lucía más confundida aún, levantó un paquete de donas de su cama y Gema sonrió enternecida -. Creo que acerté al venir - Gema asintió con la cabeza y se acercó hasta ella, dejandose caer en el colchón.

El silencio reinó por unos segundos, solo con el sonido de la rueda del hamster girando de fondo. Karol aceptó que su amiga no dijera nada, hasta que la curiosidad acabó con su paciencia.

— ¿Ahora me vas a decir que sucedió? - su pregunta fue como el detonante que hizo que todo en el interior de Gema explotará. Eran mejores amigas, no la juzgaría.

Pronto la chica se sumergió en la narración más larga que tenía, empezando por el verano y terminando con el beso de Miller. Le comentó de sus inseguridades, de como había estado pensando últimamente en Gerard y el dolor y culpabilidad que eso le provocaba. Karol escuchó en silencio hasta que llegó su momento de intervenir como consejera.

— Es muy simple aunque no lo veas: tienes que dejar ir a Gerard para darte una oportunidad con Miller. Y vaya que Miller se lo merece, está colado por ti desde que apareciste en su vida. Y ni siquiera te molestes en fingir que no es verdad, solo necesita que tú lo aceptes - de la boca de Karol las cosas lucían un poco más claras para Gema -. No vas a poder aceptar a Miller con la sombra de Gerard a tus espaldas - Gema se quedó en silencio sin saber que decir exactamente, Karol soltó un suspiro y cruzó su habitación. Cuando volvió a su lado tenía algo entre sus manos: la rueda con un pequeño hámster.

— Debo regalarlo, ¿no? - Karol asintió con la cabeza, Gema recibió la rueda y observó el pequeño ser en su interior. Era lo único que le quedaba de Gerard, todas las demás cosas o estaban perdidas o las había terminado botando sin darse cuenta.

— Michael y yo te podemos ayudar a encontrarle un hogar - se ofreció Karol sonriente y Gema soltó una risa, luego miró a Karol con una ceja alzada.

— Como que Michael y tú son inseparables ahora - Karol se sonrojó un poco para mirar seriamente a su amiga y negar con la cabeza.

— Somos mejores amigos - Gema se encogió de hombros.

— Si tú lo dices - Karol negó con la cabeza y se dio por cerrado el tema.



                                                  * * *

El día de la audición. Al fin había llegado contra todo. Y es que esa semana había sido la más larga de su vida. Ignorando a la gente en el instituto, sin los acosos de Miller. Todos se preguntaban qué le pasaba a Gema y ninguno se lo podía explicar.

Karol y Michael habían encontrado un lugar para el pequeño hámster. Gema lo dio con algo de pena, y tuvo que admitirse a si misma, alivio. 

— Sigo sin entender cómo te robaron la guitarra - comentó Ángel afinando una guitarra prestada por el instituto. Gema se encogió de hombros ignorando la mentira que había tenido que decir porque Miller se había quedado con su guitarra.

— Ni siquiera yo lo entiendo - se limitó a responder. Los chicos estaban nerviosos y casi ni le prestaban atención. Ángel terminó y le tendió la guitarra, Gema la cogió temblando. El chico quiso preguntarle algo pero ella le pidió con la mirada que no lo hiciera.

— Siguen ustedes, ¡ya! - les gritó un chico de producción desde la puerta. Todos se miraron entre sí y entraron. 

Era un auditorio grande. Estaba vacío y oscuro, solo con el escenario iluminado. El jurado los miraba desde los únicos asientos que ocupaban en el público.

Ángel los miró a todos alentándolos con la mirada y caminaron juntos hasta el escenario. Una vez ahí acomodaron sus instrumentos y esperaron que el jurado empezará.

— ¿La banda no tiene nombre? - preguntó uno de ellos, una mujer rubia de lentes. Gema negó desde su ubicación. La mujer negó con la cabeza y escribió algo en su cuadernillo. Un punto menos. El sudor empezó a correrle por la frente, miro disimuladamente a sus compañeros que se ponían más nerviosos a cada segundo. Sentía como se le formaba un gran nudo en su garganta, tenía que calmarse. Respiro profundamente y se relajó o al menos intento hacerlo.

— Bueno ¿quién es el líder aquí?- pregunto otro miembro del jurado que parecía algo mayor que la chica rubia, usaba una camisa descolorida y no se veía de buen humor.

— Yo - dijo con casi un hilo de voz Gema levantando tímidamente su mano.

— ¿Tú “quien”? - le respondió con una pregunta el hombre con un poco de arrogancia divertida.

— ¿Ah? Yo, Gema - disimuló su nerviosismo con una de sus espectaculares sonrisas radiantes.

— Muy bien Gema, sabía que tenías nombre. Pueden empezar - el tipo se recostó en su silla con aire aburrido.

Su rutina ya se la sabían, Gema le indico una señal a Charlie que empezara a tocar y todos se unirían. Todo iba bien, Gema intento relajarse No tenía su guitarra por lo que solo tenía que cantar, no podía arruinarlo.

Charlie empezó a tocar Creep y todos empezaron. Gema entró en el momento indicado y su voz melodiosa llenó el silencio del lugar, la letra ahora le sabía tan distinta.

Con cada palabra que decía no podía evitar pensar en Miller, en cuando él le había cantado a ella, en ese día.

Se dio cuenta de que estaba perdiendo la concentración y se recuperó. Las notas altas llegaron y la letra le cayó como balde de agua fría. ‘‘Ella está huyendo a través de la puerta’’. Gema ya había perdido la concentración y no era consciente de como estaba cantando. Solo podía pensar en una cosa: estaba huyendo.

Huyendo de sus sentimientos, de lo que Miller causaba en ella. Y tenía que dejar de hacerlo. Debía detenerse o pronto explotaría y todo terminaría peor de lo que estaba. Un nudo se instaló en su garganta en el peor momento.

Tenía que encontrar a Miller y solucionarlo todo de una maldita vez.

La canción terminó y el jurado ni se inmuto en su asiento. No escribieron nada en sus libretas, solo los miraron en silencio.

— Muy bien, pueden retirarse – fueron las únicas palabras de ellos. No se lo tuvieron que decir a Gema dos veces.

* * *

Gema llegó al muelle antes de lo esperado. Era un lugar cercano en el que siempre se encontraba Miller. Vivía en unos condominios cercanos y pasaba la mayor parte del día ahí como Deborah y sus demás vecinos.

Estaba despeinada y el calor que estaba haciendo la hacía sudar más de lo normal. Se limpió la cara con el pañuelo rojo que tenía amarrado al cuello y lo dejó ahí, sin saber qué hacer. Todas sus esperanzas estaban en que Miller se encontrará ahí.

Y si estaba ahí, apoyado en la baranda que daba a la playa de la ciudad. El viento despeinaba su cabello y su mirada lucía algo perdida. Se sorprendió al ver que tenía su guitarra ahí mismo.

Tomó toda la convicción que tenía y caminó hasta donde se encontraba, pero se detuvo a unos metros de pronto insegura de sí misma. ¿Y si ahora él la mandaba a volar? Aquello era lo más probable. No, no se podía dar por vencida.

Avanzó los metros que le faltaban y con cuidado le tocó el hombro a Miller dos veces, él volteó a verla y no hizo ningún gesto. No cambió nada en su expresión.

Gema pensó que todo había sido una mala idea y retrocedió, pero él envolvió con su mano la muñeca de ella evitando que se fuera.

— Tardaste mucho - Gema quiso poner los ojos en blanco por su ego, pero él cogió la guitarra y se la dio -. Creí que era más especial para ti - comentó encogiéndose de hombros.

— No tuve tiempo - respondió sin saber que decir y Miller se dio la vuelta para seguir viendo el mar -. Quiero hablar contigo - soltó y él nuevamente la miró. Se sentía tan pequeña junto a él, pero a la vez poderosa. Sabía lo que causaba en él.

— ¿De qué? - Gema no encontraba las palabras por lo que dejó su guitarra a un lado y se estiró para quedar frente a frente a Miller. Este lucia confundido y sorprendido por su actitud.

— Está bien - respondió Gema tocando el rostro de él con cuidado y acercándose lo suficiente como para darle un beso, pero sin hacerlo. Miller la terminó de atraer a sí y Gema sintió nuevamente las sensaciones que solo él le transmitía con un beso.

Ambos se dejaron llevar y disfrutaron de momento.

Cuando se separaron Gema sonrió por primera vez después de tiempo frente a Miller, una sonrisa sincera y alegre.

Aquello ensanchó el corazón de Miller que no pudo sentirse más feliz. No se necesitaron más palabras entre ellos.

* * *

Al cruzar el umbral de la puerta de su casa Gema llegó a sentirse completamente tranquila, después de tanto tiempo ya no sentía la culpa sobre ella. En su lugar tenía paz en su interior. 

Sentado en el sillón se encontraba su papá, mirando una película con su hermanito menor al lado. El pequeño saltó al verla, hacía mucho que no pasaban tiempo a solas. Su padre le sonrió, algo confundido por la felicidad que su hija irradiaba.

— ¿Sucede algo Gema? - la chica soltó un suspiro y tomó asiento junto a él. Su padre la protegía más que a nada en el mundo, y nunca le había agradado la idea de que su pequeña estuviera junto a un chico. Eso había hecho que Gema le ocultará su larga relación con Gerard por miedo, no quería que la separarán de él. 

— Sí - respondió con seguridad. Con Miller era distinto. Sentía una fortaleza que con Gerard nunca había tenido, podía confiar en que Miller no la dejaría por otra persona -. ¿Recuerdas a Miller? - su padre asintió con la cabeza, de pronto intrigado por la conversación -. Creo que estoy algo enamorada de él - admitió Gema por primera vez. Su padre alzó las cejas.

— ¿Enamorada no es una palabra algo fuerte? - Gema asintió con la cabeza, se sentía tan abierta frente a su padre, siempre había sido así. 

— Me siento extraña con él, solo quiero estar con él y no pienso en nada más que él todo el día. Me siento enferma - su padre sonrió ampliamente.

— ¿Y entonces porque no estás con él? - las palabras de su padre la dejaron en silencio. Acababa de arreglar las cosas con Miller pero no estaba segura de que ya ''estuvieran en una relación''. Las cosas seguían siendo delicadas tratándose de Gerard -. Si ese chico te quiere como tú lo quieres él no te dejará ir, es más, te perseguirá hasta el fin del mundo si es necesario -.

— Solo dile que no exagere las cosas - de pronto la madre de Gema apareció en el pasadizo, mirando sonriente la escena. Gema sintió que estaba siendo una intrusa y se levantó incomoda.

— Supongo que lo conocerán pronto - fue lo único que logró decir algo confundida y su padre asintió con la cabeza. Su hermano pequeño, que se había quedado en silencio durante la conversación, regresó al lado de su padre a continuar viendo la película.

Gema salió de la sala y se encontró con su madre en el pasadizo.

— Gerard sabrá entenderlo - las palabras de su madre la dejaron callada hasta que esta entró a la sala. Gema subió a su cuarto con mil sensaciones en su interior.

¿Qué había sido todo eso? Ni siquiera comprendía lo que había hecho. Solo se dejó llevar por sus sentimientos por una vez y todo termino…bien. Y todo por el puto torbellino que era Miller con ella.

Entró a su cuarto sin dejar de sonreír hasta que un pitido la sobresaltó. En su bolsillo trasero su celular vibraba. Cuando lo sacó vio que tenía un mensaje nuevo. Sin mucha importancia lo abrió. De Deborah…

‘‘Creo estar enamorada de ti. Joder, esa era la puta cosa que tenía que decirte’’

Mierda.

sábado, 9 de mayo de 2015

Wings. Violines Falsos 2x01

2. Karol

La brisa marina los acompañaba en su trayecto. La pequeña reía encantada de la mano de su padre, mientras el agua del mar acariciaba sus pies y la arena se hundía bajo ellos. El sol desaparecía lentamente, en preciosos  tonos anaranjados y rojos, hundiéndose en el mar a lo lejos.

De pronto él se detuvo y la alzó en sus brazos, dejando así que ella disfrutará de una mejor vista.

— Karol, ¿sabes porque te pusimos ese nombre? - acarició las mejillas de su hija, haciendo que en el rostro de ella apareciera una gran sonrisa.

— No - respondió medio divertida.

— Porque es un nombre fuerte,  de origen ruso - se detuvo unos segundos, contemplándola -. Tu madre lo encontró en uno de los libros que guardo y se obsesiono con la idea de que ese debía de ser tu nombre. Ya que eres una especie de milagro médico… - su padre se sumergió en una de sus típicas historias. Combinadas con la realidad y la ficción. Karol amaba cuando hacía eso. No había forma de saber  que era real y que no lo era en realidad.

De un momento a otro dijo algo gracioso que sonó borroso y ella explotó en risas. Su padre la dejó en la arena nuevamente y le susurró al oído.

— Si no llegas al final y dejas de luchar, no sabrás qué maravilla te espera - le dijo antes de emprender una carrera en la orilla del mar.

Karol corrió de la mano de él sin dejar de reír, hasta que la arena se volvió más honda. Y sintió como la tragaba. Asustada alzó el rostro para buscar ayuda en su padre, pero no lo encontró, desesperada miro a todos lados. Él ya no estaba.

* * *

Cuando Karol abrió los ojos vio una luz brillante y blanca que hizo que cerrará los ojos nuevamente, creyendo que por fin había llegado el final. Un olor a químicos muy típico de hospital se metió por sus fosas nasales y volvió a la realidad. Había fallado.

Era una suicida fracasada, en el hospital del que huía. 

Confundida intento abrir los ojos nuevamente, pero sintió que estaban pegados. Lentamente y con varios parpadeos logró abrirlos un poco. Su vista borrosa se acostumbró a la luz y observó como un cable atravesaba su brazo hasta llegar a una bolsa llena de agua que colgaba sobre su cabeza.

El lugar en el que se encontraba era una habitación con una cama blanca, en la que estaba echada. A su derecha había una gran ventana que daba a un jardín decorado especialmente para alegrar el ánimo. Aquello la hizo sentirse bien. El cielo celeste, las nubes blancas, algunos pajaritos revoloteando.

Gema notó que su amiga estaba consciente y saltó de su asiento para acercarse hasta ella con el rostro lleno de preocupación.

— Gracias - susurró en voz baja mientras tomaba la mano de su amiga entre las suyas -. Karol, dime por favor que estás bien - dijo esta vez en voz alta. Las otras personas que se encontraban en la sala se pusieron de pie al igual que ella.

Karol no distinguía a ninguna y su vista se convirtió en sombras oscuras. Escuchó palabras distorsionadas y gritos.

Pronto alguien gritó más fuerte y una puerta se cerró con fuerza. Se sentía mareada y los sonidos se distorsionan aún más.

Al agudizar la vista vio a su madre, en lágrimas. Un hombre estaba frente a ella y la consolaba.

— Solo no entiendo porque lo hizo - escuchó que sollozaba su madre con voz ahogada. Aquello la lastimó como si le estuvieran clavando algo en el corazón.

Sin querer pensar más en ello dejo que las sombras la absorbieran y el sueño se la llevará. O simplemente eran las drogas, no importaba.

***

— Yo le voy a sacar la concha cuando despierte - fue lo primero que escuchó Karol cuando recuperó por completo la conciencia. Frente a ella, Clace hablaba agitadamente con Cassia y Lizzie, que a pesar de todo no podían contener una sonrisa geninua en el rostro.

— Debe de haber tenido razones - la defendió Gema desde el asiento en el que se encontraba, al lado de la cama. Karol parpadeo para acostumbrar sus ojos nuevamente a la luz blanca del lugar. ¿Por qué todo parecía más claro ahora?

— Las tuve - pronunció seriamente, con la poca voz que encontró en su interior. Las tres presentes clavaron los ojos en ella.

— ¡¿Qué clase de razones puedes tener para quitarte la vida por un puto chico?! ¡Tú madre te necesita ahora más que nunca! - el rostro de Clace apareció frente al de ella, aunque luciera enojada su mirada preocupada la delataba. Clace era muy buena amiga, te entendía y guardando secretos era la mejor. Eso y al momento de decirte en la cara tus idioteces no se guardaba nada.

Furiosa se acercó hasta la cama e intentó propinarle un golpe, pero tanto Lizzie como Cassia reaccionaron y la detuvieron antes de que lo hiciera.

Karol sintió ganas de llorar, pero no lo iba a hacer. Necesitaba parecer fuerte y afrontarlo.

— Eres estúpida ¿no? - simplemente lo dijo y Karol no resistió más. Gema miró furiosa a Clace.

— Yo…yo…solo…lo siento - empezó a decir Karol sumida en lágrimas mientras Clace se contenía de seguir gritando.

— Será mejor que te vayas, y hables con Karol cuando esté más estable - Cassia susurró en voz baja, solo para que Clace la escuchará.

— Ella tiene que entender que acaba de cometer la peor cobardía - reclamó Clace sin apagar su furia -. ¡Dejen de ocultarle su puta realidad! - gritó pero se dejó detener por ambas nuevamente.

— Solo vámonos - Lizzie miró a los ojos a Clace y ella entendió que Lizzie estaba igual de molesta.

Las tres salieron de la habitación y Karol al verlas desaparecer por la puerta empezó a llorar descontroladamente.

— Lo siento - volvió a decir entre sollozos inentendibles. Gema cogió un vaso lleno de agua y se lo dio.

— Tienes que estar tranquila - le pidió y la chica asintió mientras tomaba el agua como podía.

* * *

Clace estaba echando humo por las orejas, y no se molestaba en ocultarlo. A duras penas Lizzie y Cassia habían logrado contenerla, pero sabían que no sería por mucho tiempo.

— Llama a Valen, ella no se calmará - Lizzie le susurró a Cassia, que sacaba su celular y marcaba el número de aquel que por poco y era hermano de Clace.

Valen y Clace eran más que amigos. Compartir cuna a los pocos minutos de haber nacido había sido el inicio para ambos. Clace era la chica más impulsiva que conocían, decía las cosas que pensaba y nadie se metía con ella por el respeto que emanaba. Valen, por otro lado, era un chico alto y algo torpe. Con un corazón blando y un espiritú infantil que casi siempre era opacado por Clace. Mientras Valen buscaba el amor en cada chica que conocía, Clace se deshacía de este con la misma facilidad con la que uno bota las envolturas de la comida embolsada. Aun así ambos era inseparables, habían pasado tantas cosas juntos que nunca se llegarían a ver de otra manera. 

— ¿Valen?, estamos en el hospital y Clace… -  Cassia hablaba a unos metros de Clace y Lizzie, intentando explicar lo que había pasado.

— Ya voy  para allá -  fue lo único que respondió Valen, parecía que había estado esperando la llamada. Como no, Clace no le ocultaba nada.

Clace se fue al baño a “respirar” e intentar estar tranquila, si es que podía llegar a estarlo. El númerito de Karol les había costado a todos, no solo a ella.  Al momento de encontrarla tuvieron que llamar a una ambulancia y desalojar la casa de Nick, que por poco estaba en llamas. Los amigos más cercanos quisieron seguirla, mas al final solo fueron Cassia, Lizzie, Gema y Clace. 

Luego de que Karol ingresará a emergencias las cuatro chicas pasaron una larga noche en la sala de espera, con el corazón en vilo y el miedo latente entre ellas. Ninguna se atrevió a llorar, porque sabían que hacerlo sería aceptar la posibilidad de que la habían perdido.

— Valen está en camino - Cassia le explico a Lizzie, que ahora estaba más aliviada. Ambas soltaron un suspiro.

— Bueno tengo que irme. Te dejo. Suerte con lo de Karol - le dijo despidiéndose y se alejó con rapidez, antes de que Cassia la pudiera detener.

La chica soltó un suspiro más. Aquello la estaba haciendo perder los pocos nervios que aún tenía. Karol era una chica muy especial, y mucho más cuando estaba en una crisis como aquella. Tendría que apoyarla.

— La necesitare - le respondió al aire cuando Lizzie dio la vuelta en la esquina que había en  el pasillo.

Y sí. La iba a necesitar, nunca había resultado sencillo hablar con Karol y menos después de lo que había pasado. Cuando Clace regresó ambas se sentaron en las bancas de plástico que había junto a la puerta. No se dijeron absolutamente nada, ni comentaron cómo estaban las cosas. Ambas ya estaban sofocadas con el tema, y lo último que necesitaban era atosigarse con ello. Solo se limitaron a esperar pacientemente la llegada de Valen.

Cuando lo vieron acercarse con su típico paso despreocupado ambas se pusieron de pie. Valen no era el chico más atractivo de la escuela, ni siquiera la mayoría lo consideraba atractivo. Era cabezón y tenía una nariz muy pequeña que desentonaba con sus ojos rasgados. Clace respiró tranquila levantándose de su asiento. 

Sin decir nada Valen apoyó su mano en el hombro de Clace y la chica asintió con la cabeza rendida.

— Solo encárgate de dejarle claro algunas cosas - Cassia asintió ante la sugerencia de la rubia.

— Hay muchas cosas que yo no me guardaré - le respondió sinceramente.

— ¿Cómo está? - pregunto Valen.

— Paranoica y algo loca - respondió Cassia conociendo lo suficientemente bien a Karol como para responder aquello.

— ¿Cómo siempre? - dijo Valen y Cassia le dio un golpe en el hombro.

— Solo agrégale el inminente deseo de acabar con su vida - le dijo y el chico estuvo a punto de repetir lo que había dicho como una afirmación pero Clace lo detuvo.

— Vámonos ya, si no se meterán en casa y estaremos cagados - Clace miró a Cassia sin saber cómo despedirse.

— Hablamos luego - le dijo ahorrando todo el drama que aquel momento podía contener.

Clace sonrió a medias y avanzó en dirección a la puerta. Valen se despidió con un gesto de mano y siguió a su amiga, apoyando su brazo en los hombros de ella. Como siempre.

Cassia los vio alejarse dándose cuenta de que ahora solo ella quedaba.

* * *

Ya en la habitación, Cassia se encontró con Gema abrazando a Karol, que lloraba continuaba llorando en sus brazos.

Gema la vio entrar y le hizo señas con la cabeza para que se acercara. Cassia se acercó hasta el borde de la cama y se quedó en silencio, sin saber qué hacer o por donde empezar. Tenía claras las cosas que debía de decirle, solo faltaba la determinación y delicadeza que no poseía.

Cuando alguien le contaba algo a Cassia, esta le decía su opinión sin pelos en la lengua. Muchos la sabían apreciar por ello, buscándola cuando querían escuchar la verdad y no mentiras blancas.

— Hey, ya tranquila. Mira, Clace no quiso decir nada de lo que dijo, en serio - la consoló Gema -. Es su forma de preocuparse, y lo sabes - Karol negó con la cabeza.

Cassia tomó una bocanada de aire y camino hasta el otro lado de la cama, en el que Gema no estaba. Con mucho cuidado se sentó en el borde y miró  a Karol. Lucía más rota que de costumbre. Karol era bastante pálida normalmente, en ese momento parecía una hoja de papel. Su cabello castaño lucía más despeinado de lo normal, combinando a la perfección con unos ojos rojos e hinchados. ¿Cómo decirle las cosas que tenía que decir sin romperla un poco más?

— Clace dijo lo necesario, solo debió de ser más sensible - explicó Cassia y Karol la miró confundida -. Entendemos que estés deprimida porque tu padre ha muerto, y que Jonathan te engañe de alguna manera hace el dolor mucho peor. Pero el suicidio no fue tu mejor decisión, y lo sabes. 

Karol asintió con la cabeza e hizo el ademán de hablar pero Cassia la detuvo.

— Déjanos asimilarlo, ¿sí? Estoy molesta, estamos molestas por lo que has hecho. Fue estúpido y sin mucho sentido. No puedes abandonar a tu madre ahora, fue egoísta Karol. Mucho - Karol agachó la cabeza avergonzada, y Cassia divisó unas lágrimas pero ya no se podía echar hacia atrás -. Te queremos, y no te abandonaremos. Pero tienes que darnos un tiempo para asimilar todo - Karol alzó la vista y miró a Cassia. Intentó decir algo pero su labio quedó temblando.

Cassia decidió no decir nada más y se puso de pie. Odiaba que la hubieran dejado  hacer eso sola, pero alguien tenía que hacerlo y prefería ser el punto de odio de Karol por un tiempo que apoyar la idea de que lo que hizo estuvo bien.

Miro a Gema unos segundos y salió de la habitación antes de que el drama regresará a hacer suya esa habitación. No quería ser parte de ello.

En cuanto salió, Karol se quedó mirando la nada mientras las lágrimas bañaban su rostro silenciosamente.

* * *

— ¿Hace cuánto tu padre está muerto, Karol? - fue la primera pregunta del hombre que la visitó a la mañana siguiente. Karol no aguantaba que los doctores la vigilaran como si no pudiera hacer nada por sí sola.

Poco a poco la depresión la iba a abandonando, y agradecía que ninguna de sus amigas la visitara por el momento. Solo la harían sentirse culpable y estúpida.

Cuando su madre le dijo que un psicólogo la visitaría todos los días a partir de ese, quiso escapar de ese lugar lo antes posible. No quería a nadie presente con ella, y mucho menos que la atosigará con preguntas de su vida.

— Unos meses - contesto algo tímida desde su cama de hospital. El hombre asintió con cara de lastima y apuntó algo en su cuadernillo. Como si aquel capullo se preocupara por su vida.

— Y dime ¿Cómo te sientes desde entonces?

¿Era en serio? Dios - pensó Karol. ¿Cómo que como se sentía? Pues obviamente mierda, destruida, sola, triste, sin ganas de vivir. Era la pregunta más estúpida que le habían hecho desde que había llegado a ese lugar.

Su padre era su complemento, siempre había estado para ella cuando más lo necesitaba. Y cuando de pronto una enfermedad se lo llevó su mundo se vino abajo con todo.

— Muy triste - se decidió por decir.

— Comprendo - dijo el hombre asintiendo con la cabeza y Karol se contuvo de hacer un gesto obsceno -. Yo soy el doctor Roberts y créeme, puedes confiar en mí - su intento de sonrisa sincera no se podía ver más falso.

— Usted está intentando averiguar qué hay de malo en mí, no se moleste en ser cortés - respondió con completa sinceridad.

— Te probaré que no - dijo apagando la grabadora que tenía y cerrando el cuaderno donde tenía apuntes -. Podemos conversar tranquilamente y apuntaré en tu historia que solo tenías algo de inseguridad adolescente.

Karol no terminó de creérselo y rodó los ojos. Llevaba furiosa consigo misma desde la fiesta en la casa de Nick, y no encontraba nadie con quien desahogarse. Al fin había llevado el momento de liberar su furia.

— ¿Qué quiere escuchar? Mi vida no es tan dramática, hice lo que hice por buscar una salida desesperada. Fue una tontería y nunca más lo haré. Solo estaba con un corazón roto sobre una pérdida inevitable. No le diré nada más de lo que quiera escuchar. No tengo problemas. Solo soy lo que dice: una chica adolescente con problemas de inseguridad - lo cagó en una y abrió la revista que Gema le había dejado en la mesita de al lado.

El hombre se quedó callado y aceptó su derrota. Era un caso perdido.

— Igual tendremos que vernos todos los días. Hasta luego Karol - dijo poniéndose de pie y saliendo de la habitación. Cuando cerró la puerta Karol permitió que las lágrimas  asaltaran su rostro.

Realmente. ¿En qué estaba pensando cuando hizo aquello?

Se quedó sola, sentada mientras pensaba que tal vez había sido un error haber echado a la única persona que podía ayudarla realmente.

Solo se oía respirar, lentamente. Tan despacio, que sentía que en cualquier momento ya no respiraría más. Se sentía frágil y no podía evitar pensar que siempre lo había sido.

Oyó que alguien estaba al otro lado de la puerta e inmediatamente se acomodó en la almohada y fingió dormir. Cerró los ojos y en serio deseo estar dormida.

— Sí, creo que sí será necesario - reconoció de inmediato la voz del psicólogo que había estado con ella hace unos momentos -. Tendrá que tomar estas cada ocho horas y estas - Escuchó que él dejaba algo en la mesita que había  al lado -, una vez al día hasta que veamos mejoras - termino de decir.

— Y eso… - era su madre, tenía la voz cansada y preocupada - ¿Lo paga el seguro?- la pregunta hizo que se le encogiera el corazón, que empezó a latir más fuerte.

— No lo creo, señora  Verdi - dijo el psicólogo en voz baja.

Escuchó que la puerta se cerraba, y sintió como nuevamente la soledad la invadía.

* * *

Abrió los ojos y se encontró en la oscuridad de la habitación que tenía asignada. Asustada se sentó de golpe en la cama, dejando que las sábanas se resbalaran por su cuerpo con el movimiento.

Un escalofrío la recorrió al comprobar que estaba sola. El aire que entraba por la ventana la despeinaba y provocaba un sonido que la había despertado.

Decidida a dejar de ser débil por un momento se levantó y se acercó hasta la ventana para cerrarla. Ignoró el frio que sintió cuando sus pies desnudos chocaron con las baldosas heladas del piso.

Atemorizada saltó a la cama y se arropó con las sábanas, intentando dormirse.

Sin embargo escuchó el sonido de la ventana abrirse nuevamente y una ráfaga fuerte de aire entró por la habitación dejándola helada.

* * *

— Despierta, bebé - escuchó la dulce voz de su mamá, que la sacudía con cuidado. Abrió los ojos y desde la última vez que los había cerrado por completo se sintió feliz.

— Mamá - logró decir aun medio dormida. Como si los recuerdos llegarán de golpe, se sentó asustada en la cama y miró a la ventana. Cerrada.

— ¿Pasa algo? ¿Quieres que la abra? - dijo su madre mirando en la misma dirección que su hija. Karol negó con la cabeza, atemorizada por dentro.

— No, está bien - dijo negando con la cabeza e intentando apartar de su mente la noche anterior. Debió de haber sido una pesadilla.

— Bueno, te tengo una gran noticia - el tono alegre de su madre la hizo sentir bien. Más que bien. Se hizo a un lado y dejó que ella se sentará en el borde de la cama, mientras cogía sus manos entre las suyas.

— ¿Y esa es? - preguntó, intentando sentirse igual de alegre.

— Te dieron de alta - aquello en vez de alegrarla la asustó. ¿Otra vez libre a enfrentar las consecuencias de sus actos? Sonrió como pudo.

— Aquello es genial. Realmente genial - dijo y logró que su madre le creyera, ya que sonrió ampliamente. Ignoró las ojeras negras que había bajo sus ojos.

— Iré a recoger todas las cosas que necesitas y vendré a que me digas todas las cosas que quieras que traiga para llevarte a casa. ¿Quieres que te compre algo? - Karol negó con la cabeza.

— Solo un vaso de agua - respondió y su madre sonrió.

— Hay uno en la mesa, vuelvo lo más rápido posible - se puso de pie y sin dejar de mirar a su hija salió de la habitación.

¿Cómo había podido romper el corazón de su madre? Nunca más la abandonaría. Nunca. Estiró su brazo para coger el vaso, y vio una mancha roja en él.

Nerviosa cerró su mano alrededor de él y al cogerlo lo sintió pesado y caliente. Temblando lo atrajo hacia su rostro y vio que estaba lleno de sangre.

Lanzó un grito y lo derramó sobre sí misma.

Automáticamente un par de enfermeras entraron en su habitación, seguidas de su madre. Todas las miraron con preocupación, y ella con terror.

— Había…había…sangre… - intentó decir bajando la mirada para ver como toda su ropa y sábanas estaban manchadas de agua.

Las tres la miraron confundidas y ella se sonrojó al ver su error.

Las enfermeras se miraron la una a la otra de manera significativa y Karol negó con la cabeza. ¡No estaba loca!

Intentando calmar su pulso y respiración sonrió como pudo, de manera rota y algo extraña.

— No dormí bien anoche porque me quedé viendo una película de terror - se explicó encogiendo sus hombros. Las enfermeras asintieron con la cabeza y salieron. Su madre se quedó mirándola, esperando algo pero Karol negó con la cabeza.

— Ya vuelvo - dijo su madre y salió nuevamente.

Era una suerte que ninguna de ellas hubiera notado como se aferraba a las mantas para dejar de temblar.

* * *

Cuando abandonaron el hospital en el carro de su mamá, Karol volvió a sentirse ella. Solo con un estricto régimen de pastillas diario bajo el brazo.

Su madre estaba deseosa de consentirla y le había dado la tarjeta para que comprara lo que deseará. Sonrió mientras acariciaba la tarjeta entre sus manos y miraba de rato en rato el paisaje que pasaba por la ventana del asiento del copiloto.

— Deberías de llamar a Gema para que te acompañe - sugirió su madre sin apartar la mirada del volante.

— Es lunes mamá, está en clases - dijo alegre de recordar a la perfección el día en el que se encontraban.

— Entonces deberíamos ir a casa inmediatamente para que recojas tus cosas y vayas a acompañarla - Karol negó con la cabeza, dejando de sonreír de golpe.

— Mamá… - se quejó pero su madre negó con la cabeza, girando justo por la casa de Jonathan. Karol no quiso ver a través de la ventana.

— El doctor ha dicho que tú le dejaste muy en claro que no tenías nada. Fue solo una falsa alarma y ahora puedes retomar tu vida. Qué mejor manera que regresar al instituto - Karol puso los ojos en blanco y apoyó su codo en el costado del asiento.

— Está bien - aceptó de mala gana.

No había nada mal en ella como para hacer más escándalo del que ya había. Si iba a regresar tan rápido al instituto era porque ella había tomado ese rumbo.

De vuelta al infierno

Le escribió a Gema en un mensaje de texto rápido.

Recibió un emoticón de respuesta.

* * *

Entro por el gran portón, siempre sentía una ráfaga de aire helado cada vez que atravesaba esa puerta. No sabía si era real o una ilusión pero era escalofriante.

Llego al pasillo principal algo nerviosa. El temblor que había empezado en el hospital continuaba sin dejarla en paz. Era solo un día común en la escuela. Un día que no tenía que ser diferente a los demás.

Solo que no era eso en realidad, era un día de instituto después de haberse intentado matarse. Y de que todos lo supieran.

Todos la miraban de reojo, nadie se le acercaba a hablarle, solo se limitaban a mirarla mientras avanzaba silenciosa. El aire  se hizo más denso y los pies le pesaban. Miraba al suelo y veía sus pies caminar rápidamente hacia su aula. ¿Porque había elegido la hora de cambio de hora para regresar?

Debió de haber revisado su horario (si es que lo encontraba) y esperar algunos minutos para llegar cuando los pasillos estuvieran desolados. Así tener que ahorrar todo ese show.

Una vez más se sentía sola. Agobiada por las miradas aceleró el paso hasta llegar a su destino.

Llegó a su casillero, todos reían en voz baja. Levantó la mirada y estaba rodeada de personas y en medio estaba parado Luci Berns o como más lo conocían: Lucifer. Le sonreía de manera aterradora, esperando a que hiciera algo para que sus ojos brillaran de maldad. Agachó la mirada intimidada. Odiaba a aquel chico.

Nerviosa apoyó la mano en la manilla de su casillero y colocó la combinación que se sabía de memoria: (28- 09-04)

La puerta de metal se abrió en el silencio de todo el pasillo, solo alcanzándose a escuchar aquel sonido. Todos la miraban y ella no lo entendía.

Una sustancia viscosa y pegajosa en sus manos la hizo dejar de mirar al rededor. Confundida miró sus manos y las vio completamente rojas. Al alzar la vista y ver el interior de su casillero tuvo que contener un grito. Sus cosas estaban manchadas de una sustancia roja que no quería reconocer.

Al fondo había algo escrito. Y una fotografía suya.

Agudizo la mirada y pudo leer lo que había.

‘‘Karol Verne 1998-2014 Q.E.P.D.’’

Las lágrimas quisieron asaltar su rostro, y lo hicieron. Las sintió corriendo por sus mejillas. Al girar la cabeza vio a Luci sonriendo como un demonio.

Y es que aquel era el infierno. Y él era el diablo.

* * *

¿Dónde estaba el baño de hombres en ese instituto? - Se preguntó Rolf confundido. Ya llevaba días en esa escuela pero nunca se había visto en el apuro de ir al baño. O es que siempre había estado preparado para no hacerlo. Maldita hora en la que se despertó tarde.

A cada paso que daba se sentía observado, y odiaba esa sensación. ¿Acaso nadie en ese lugar tenía una vida? Su plan de supervivencia era pasar desapercibido y no llamar la atención de nadie más de lo normal.

Caminaba de un lado a otro mirando atentamente cada una de las puertas. Había encontrado por lo menos tres puertas que decían “Almacén” y ninguno que dijera “Baño”. Aquel instituto cada vez le parecía más raro.

Después de caminar por un buen rato y ver cómo las mismas chicas de siempre lo miraban de reojo, encontró el baño. No era grande, de echo la puerta le parecía más pequeña que una puerta normal.

Entró cautelosamente, estaba algo iluminado y olía a formol. Un desagradable olor a formol. Realmente, ¿qué pensaban sus padres al meterlo a esa escuela?

Miró hacia el urinario que había al final de la habitación y soltó un suspiro de alivio, había estado aguantando unas dos horas.

Bajo la cremallera de su pantalón y las luces se apagaron. No había nadie en el baño cuando entró. Si era una broma realmente lo estaba asustando.

- Hola - escucho una voz aguda que parecía la de una chica. Por un momento se creyó perdido. Una chica. Maldición. ¡No quería hacer cosas que no deseaba!

¿Porque esas cosas le tenían que pasar a él?

Inmediatamente se subió la cremallera e intentó agudizar la vista para ver en la penumbra. Sólo alcanzó a ver una sombra grande y alta. ¿Un…hombre?

Debía de ser una broma, tenía que ser una broma. Las luces se encendieron y lo pudo ver.

Un chico definitivamente. Realmente lo conocía, estaba en su aula y lo había visto hablando con un grupo de chicos varias veces.

— Hola - respondió  algo asustado. ¿Qué se suponía que debía de hacer en esas circunstancias?

— ¿Tú juegas para la  CFJ? ¿Cierto? - le preguntó. La pregunta le asombró, ¿Cómo sabía eso? Él entrenaba en la CFJ desde que tenía cinco años y hasta ese momento lo hacía. Sin embargo no se lo había dicho a nadie en ese lugar, ni siquiera recordaba haberlo mencionado.

— Emm…Sí - respondió dudoso. El chico sonrió y él se sintió algo estúpido.

— Soy Michael -  se presentó  y por algún motivo le inspiro confianza. Una extraña confianza que no había sentido desde que había empezado a estudiar en ese lugar.

Extrañaba a sus amigos, todo del antiguo lugar en el que vivía. Y al ver a Michael sintió que podía volver a tener una amistad verdadera. Era extraño. También sonrió.

— Rolf -  le respondió y el chico soltó una carcajada.

— Suena a perro - dijo y no le molestó. Le causó gracia y se rio con él.

Por fin había encontrado un amigo.

* * *

Los alumnos entraban al aula mientras la profesora acomodaba el material en la mesa de la que disponía. Era una mujer alta y delgada, de piel oscura y exótica. Su cabello estaba trenzado de manera especial, y llegaba hasta la cintura.

Poco a poco los asientos se iban llenando. Gema entró al lado de Karol, que ya no estaba afectada y echaba humo por las orejas. Detrás de ambas venía Catalina, con varios libros entre sus brazos y el cabello algo despeinado.

Comentaba emocionada algún hecho de la clase, sin embargo ni Gema y ni Karol le prestaban atención.

Las tres se sentaron en los asientos del fondo. Karol miró aliviada que Clace no estuviera en esa clase, era una suerte que no hubiera coincidido.

— ¡Empecemos! - dijo la profesora con voz demasiado chillona. Todos la miraron desagradablemente.

— Esperen - se escuchó un grito al otro lado de la puerta, y una mano impidió que la mujer cerrará la puerta. Un chico ingreso al aula con el cabello despeinado y los lentes chuecos.

La entrada de él hizo que cierta chica levantará la cabeza y lo mirará disimuladamente sobre la cobertura de sus libros. Catalina cada vez se sentía más curiosa por él, pero mantenía su deseo bajo siete llaves. Si alguien descubría su debilidad dejaría de ser vista como la chica más inteligente y perseverante del año, algo que no quería para nada.

— La próxima vez no entrará - lo advirtió la profesora mirándolo seriamente y la nariz del chico se puso colorada. Asintió con la cabeza y tomó asiento unos cuántos más adelante de las chicas.

Catalina no pudo evitar seguirlo con la mirada, era como si no pudiera evitar hacerlo. ¿Qué tenía aquel para provocar eso? No era guapo, apenas pasable. El cabello castaño y siempre despeinado, la cara algo ancha y la nariz muy redonda. Tenía un aire a Daniel Radcclife con los ojos pequeños y las gafas con medida de botella.

Cuando se fijó en él su primer pensamiento fue: me gustan los chicos feos. Y cuando se dio cuenta de que había usado la palabra ‘‘me gustan’’ vio que ya no había vuelta atrás. Con el tiempo todo se había vuelto más complicado, e intentar no pensar en él era imposible. No lo lograba por más que lo intentará. Gema, que estaba a su lado, le dio un codazo y le sonrió pícara.

Las mejillas de Catalina se encendieron y agachó la mirada. La profesora hablaba y hablaba y ambas no la escuchaban.

¿Te gusta?

Le dijo con los labios Gema y Catalina negó con la cabeza automáticamente, aunque Gema solo alzó una ceja divertida.

Sí.

Se respondió ella misma y Catalina miró su carpeta apenada. Abrió el libro que estaba leyendo “María Antonieta” y decidió perderse en sus letras.

— …como iba diciendo. Pueden confiar en mí cuando deseen - la profesora hablaba mirando a todos. Era estúpida la manera en como cada profesor intentaba inspirar confianza -. Hija - le dijo dirigiéndose a Karol -. Si, tú - volvió a decir al ver que Karol no le prestaba atención. Karol la miró algo asustada. Todos los presentes fijaron su mirada en ella - sé que estás pasando por momentos difíciles  ya sabemos todos que las personas podemos ser algo estúpidas ¿no? Y los padres no son para siempre ¿no? - Luci al fondo del salón se rio con un grupo de chicos -. Pero tranquila puedes confiar en mí tanto como en tú psicólogo - les sonrió Todos rieron en voz baja y Gema miró incrédula a la profesora.

— Que te den - le respondió Karol poniéndose de pie y saliendo del aula furiosa, con algunas lágrimas en los ojos que reprimía. Silencio las risas malignas que sonaron como coro cuando abandonó el aula.

Quería llorar de impotencia y explotar. El hospital ahora parecía un paraíso comparado con todo lo que tenía que enfrentar.

Agobiada por todo corrió hasta el lugar más apartado de la escuela. Un pedazo de jardín que habían construido para que los alumnos y profesores se relajaran pero más lo usaban para fumar a escondidas. Después de todo ningún profesor se pasaba por ahí.

Era el único lugar en que se podría relajar.

Pero cuando olió a tabaco mientras se acercaba supo que no. Sin ganas de darse la vuelta llegó hasta su destino y se encontró con la rubia que menos necesitaba.

Deborah.

Se sentía decepcionada de ella. Se había enterado que Deborah dio una fiesta hacía unos días mientras ella estaba moribunda en el hospital. Ni siquiera había ido a verla o la había llamado. No le había importado en absoluto. Aquello no la había sorprendido pero sí chocado.

— Hey. Hey Karol… - dijo con una vocecita de niña inocente que solo ella sabía fingir.

— Hola Deborah - sin ganas de hablar se limitó a responderle el saludo. Estaba agotada y no quería hablar precisamente con ella.

— ¿Estás mejor? Me enteré de que… - empezó a decir pero Karol la interrumpió a mitad de la frase.

— Te enteraste e hiciste una fiesta ¿no? Eso es lo que yo me entere. A parte tú estabas en el lugar de donde me llevaron - le gritó con toda la ira que tenía desde que salió del aula.

— Oye escúchame bien a ti no te interesa las fiestas que hago y las que no. O a las que estás invitada y las que no. Tu salud psicológica no tienen nada que ver con mi vida y las fiestas- le respondió con total calma y frialdad. Como un huracán a punto de empezar.

— Pues agradecería algo de preocupación, deberías de dejar de ser tan puta de vez en cuando - llegó a decirle antes de darse media vuelta para irse. Deborah sin cuidado la cogió del brazo con mucha fuerza, reteniéndola y haciendo que la mirará a la cara.

— He tenido un día de coña y tú lo empeoras. Así que hazle un favor al mundo y ve a encontrarte con tu papi - le respondió, desparramando todo el humo que tenía su boca sobre el rostro de ella.

Karol que era asmática y nunca había fumado tosió con fuerza, agachando el torso y apoyándose en sus rodillas.

Al alzar la vista vio a Deborah apoyada en la pared de granito que había, sonriendo y tomando otra calada del cigarrillo. La miró con profundo odio y salió corriendo del lugar y el instituto sin saber a dónde.

* * *

Temblando y con el rostro surcado de lágrimas cayó de rodillas en el pasto. No le importó que hubieran algunos vidrios rostros ahí y le rasparán la rodilla.

Había salido corriendo del instituto, y tomado el primer bus que encontró con rumbo a las afueras del pueblo. Cuando llegó al cementerio no dejó de correr hasta llegar a la tumba de su padre.

No dejaba de sollozar escandalosamente y las lágrimas hacían que sus ojos ardieran. Intentó calmarse y dejó de emitir sonido alguno mientras esperaba que su rostro se seque. Parpadeo varias veces, como si estuviera sumida en un sueño y deseará despertar.

Mientras corría creía haber visto a Jonathan fumando acostando en una tumba. Pero no. Solo había sido una confusión de su mente. Debería de olvidarse de él. De todo lo que había significado.

— ¿Qué debo hacer papá? Por favor ayúdame - susurró en voz baja, acariciando la letras grabadas en la lápida de su padre -. No sé qué hacer. Dijiste que debía de encontrar la salida. Dijiste que estarías conmigo. Dijiste que siempre me ayudarías. Maldita sea ¿porque no estás aquí? Por favor vuelve…vuelve - dijo entre sollozos -. Papi te necesito vuelve por favor. Dímelo ¿sí? Dime el qué debo hacer. Di algo ¡solo algo! - grito al viento esperando que donde quiera que estuviera su padre la escuche. - Coño ¿Por qué no dices nada? - se dejó caer sobre el pasto.

Sin saber qué hacer. Sin querer hacer nada. Esperando que algo que ya no estaba, regresara. Ella sabía que no lo haría.

Sintió como al aire limpiaba sus lágrimas y poco a poco el dolor y la desesperación disminuían. Y lo entendió.

Debía de apoyar a su madre. Al menos ese sería el inicio de todo.

Cuidadosamente sacó su celular del bolso que tenía y marcó el número 2. Automáticamente empezó a timbrar y al segundo pitido su madre contestó.

— ¿Karol? ¿Estás bien? - su voz sonaba más que preocupada y Karol no pudo evitar sentirse culpable.

— Sí mamá. Yo…solo vine a visitarlo - respondió con voz rota y escuchó un sollozo - No, mamá. Estoy bien, ¿sí? Solo necesitaba verlo - después de unos segundos de sollozos imagino a su madre asintiendo con la cabeza.

— Te espero en casa - le dijo y Karol medio sonrió.

— Ahí estaré - respondió y dijo lo que debía decir -. Lo siento. Nunca más volveré a hacer algo así.

— No te preocupes cariño, irás aprendiendo - Karol esperó que su madre hubiera entendido. Porque no tenía valor para hablar de su intento de suicidio como un hecho real. Para ella siempre sería algo ficticio que desea olvidar.

— Nos vemos en casa - atinó a decir – Te amo, mamá.

— Nos vemos en casa - respondió su madre y colgó.

No se separó del celular hasta que estuvo sentada junto a la lápida.

— Nos vemos en casa - le susurró a la lápida antes de ponerse de pie y alejarse caminando.

* * *

— ¿¡Has visto a Karol, Cassia!? - preguntó Gema algo alterada. Hace unas horas que Karol había salido casi llorando de la clase. Desde entonces no la había visto y no la encontraba por ningún lado.

— No, seguro que está en el baño o algo así - respondió  Cassia intentando evadirla. Conocía los lapsos dramáticos de Karol y sabía que terminaban pronto.

— Si eso espero….- susurró Gema mientras se dirigía al baño de mujeres del primer piso.

A los pocos minutos concluyó: No estaba. Ni en el baño. Ni en el patio. Ni en la dirección. Ni en la oficina de los profesores. Ni en ningún salón.

Desesperada y asustada por los antecedentes de su amiga sacó su teléfono y envió un mensaje a Cassia, Bell, Lizzie y Clace.

Karol no está. Ayúdenme. No está en el instituto.

Fue hasta el casillero de Karol. Se sabía su contraseña, abrió. Se encontró con su horario de medicamentos y pastillas. Al lado estaba su bolso. Mierda - pensó - Maldita  mierda.

Había desaparecido y sus pastillas estaban en su casillero.

El terror la invadió y no supo si marcar a su mamá y comunicarle. Sabía que se pondría demasiado nerviosa y eso no ayudaría en nada.

La encontraremos.

 Recibió de respuesta e intentó calmarse. Karol debía de aparecer.

* * *

Salió del cementerio, intento no mirar a atrás en cada paso que daba. Estaba dispuesta a ir a su casa pero solo se dejó llevar por sus recuerdos y sus pensamientos.

Tomo el autobús y sin saber dónde se bajaría exactamente se dejó ir.

Bajo en un paradero que por alguna razón  se le hacía familiar. Camino mirando el asfalto, la gravilla, incluso el aroma le traía recuerdos. A mar.

Cuando el bus partió reconoció el lugar en donde se encontraba: la playa que todos los días visitaba. Entusiasmada por un momento corrió hasta llegar a la arena. Se quitó las zapatillas y remango el pantalón que tenía puesto.

Al hundir sus pies en la arena sintió como una alegría peculiar la embargaba. Se sentía…en casa. Aquello provocó que sonriera ampliamente.

Con lentitud, dejando saborear el momento, avanzó por la orilla olvidándose por un momento de todo.

En ese momento sintió la necesidad de mirar atrás, medio como esperando que su padre estuviera ahí medio queriendo verlo solo una vez más.

Él no estaba ahí, pero si había alguien. Un chico, estaba sentado en la arena jugando con ella y con la cabeza agachada. Se lo quedó mirando un momento hasta que el levanto la mirada

Era Michael, un chico de la escuela, le había hablado un par de veces. Le sonrió. Y él le devolvió la sonrisa. No lo conocía de casi nada, solo sabía que era un buen chico y algunas veces estúpido. Había estado en su salón y habían hablado de algunas cosas, pero nunca llegaron a ser amigos de verdad. Sin pensárselo mucho y considerando que estaba sola optó por acompañarlo. Se sentó junto a él en la arena.

— ¿Qué haces aquí? - le preguntó Michael, levantando la cabeza para mirarla.

— Mi padre y yo solíamos venir aquí… a matar el tiempo - le explicó mirando el mar. La brisa hacía que ambos mantuvieran los ojos un poco entrecerrados. Karol se amarró el cabello para evitar que este le fastidiara a Michael, cayéndole en la cara.

— Oh… Disculpa por la pregunta yo no quería – empezó a parlotear el chico sabiendo de antes sobre Karol y su padre.

— No, descuida. Creo que está bien - se apenó un poco pero igual sonrió -. Extraño a mi padre muchísimo. Pero eh aprendido a salir adelante - dijo bajando la voz sin saber por qué le contaba eso realmente. Michael escuchaba atento como contaba cada cosa que recordaba de su padre. Sus recuerdos eran tan intensos, tan puros y profundos.

Sin darse cuenta empezó a hablar de su padre sin parar. De los recuerdos que tenía, los pensamientos que la abrigaban cada noche antes de irse a dormir recordándolo. De lo sola que se sentía cuando nadie notaba como su corazón seguía dolido por más que sonriera.

Y él la escuchó atentamente, sin comentar nada, pero estando presente. Hasta que las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas y apenada agacho la cabeza. Él cogió su mentón e hizo que alzará la vista, mirándolo a los ojos.

— No está mal llorar, Karol. Ni hablar de lo que sientes verdaderamente. Sé sincera con las personas. Porque hay muchas que se preocupan por ti – le dijo, animándola. Ella sonrió a medas y dejó que él con su dedo pulgar secará las lágrimas que tenía.

— Y ¿Tú que haces aquí? - le pregunto después de terminar de hablar y mirándolo a los ojos.

— Yo. Bueno este lugar también me hace pensar en una persona - dijo sonrojándose un poco y poniendo una voz muy aguda. Karol sonrió ampliamente al notar su nerviosismo.

— ¿Se puede saber quién es? - Karol tenía una curiosidad del tamaño de África. Y cuando quería saber algo, pues tenía que averiguarlo. El mar sonaba despacio mientras hablaban y el viento agitaba sus cabellos rubios.

— No. Bueno tal vez. No sé. Puede ser… ¿Quieres saberlo?- la miro a los ojos, que brillaban gracias al color  anaranjado que tenía el cielo.

— Por supuesto que si - dijo emocionada.

— Pues tendrás que alcanzarme – la retó Michael con una sonrisa, mientras se ponía de pie y se lanzaba  a toda carrera por la arena.

Karol se levantó riendo, respirando ese aire tan familiar.

— ¡Me lo dirás entonces! – le gritó con fuerza echándose a correr detrás de él.

Y ambos empezaron a correr sin parar. Él volteando a verla de rato en rato, y ella riendo. Los pies hundiéndose en la arena, la brisa marina acariciando su rostro, el aroma a mar que tanto le gustaba.

El sol a lo lejos se escondía, infinito, rojo, casi borroso como en algún antiguo recuerdo que en ese momento le parecía tan vivo.

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